Cuando química personal y sintonía política no combinan
El primer encuentro entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, sin cámaras y en un lugar secreto, fue tan famoso que se dieron detalles de lo que habían comido (tortilla el líder del PSOE, pescado el de Podemos) y lo que habían conversado (finales de la NBA, recuerdos del Estudiantes de los ochenta). Todos estaban pendientes de la relación que se establecía entre ellos porque de ella podría depender, en el futuro, que fuerzas de izquierda llegasen al poder. Era junio de 2015. Iglesias dijo: “Me pareció un tipo majo y cordial”.