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Sánchez pide a Casado votar contra Abascal que elogió a Franco y lanzó un ataque a la UE

Como 'en las bodas de Caná se ha dejado el mejor vino para el final’ dado que tras la fachada de la moción de censura de Vox se esconde el plan de Sánchez de convertir el debate sobre la pésima gestión de su Gobierno (en la economía y la pandemia y en lo que acierta Vox), en un examen al PP de Casado para ver si son de derecha o de extrema derecha, cuando lo que está en juego en esta moción es si se aprueba o no la gestión del Gobierno de Sánchez e Iglesias.

Y son varios los partidos del centro derecha que consideran desastrosa la gestión del Gobierno de coalición pero que se niegan a apoyar a Abascal, al que los partidos de la izquierda no han dejado de llamar fascista y promotor del odio, como le ocurre al PP de Casado, a Coalición Canaria de Oramas o a Cs de Arrimadas. La que hizo como la canaria el discurso ‘buenísta’, pero dejándose la líder de Cs abierta la puerta de su apoyo a los PGE de Sánchez e Iglesias con el argumento falaz de la ‘utilidad’ de su partido.

Mucho se ha criticado la moción de censura presentada por Vox contra el Presidente Pedro Sánchez pero, por lo que llevamos visto del debate y lo que hoy nos espera, al menos se puede decir que es ‘clasificador’ de las posiciones de unos y de otros. Y aunque muchas de esas posiciones ya las conocíamos al oírlas en la tribuna del Congreso, como armas arrojadizas de unos contra otros, han recobrado fuerza y han ofrecido mayor claridad.

Y habrán llevado al ánimo de los españoles, que han podido seguir el debate por radio, tv o internet, la decepción que les supone el ver a los gobernantes del país y a sus líderes opositores tirándose los trastos a la cabeza mientras la epidemia crece y la economía se hunde a su alrededor como, en esto si, lo denunciaron con acierto Arrimadas y Oramas.

De Abascal, salvo su anunciada pretensión imposible de formar un gobierno  de coalición y de convocar elecciones este año, ya sabíamos lo que iba a decir y el inventario de críticas esperadas a la pésima gestión del Gobierno en las crisis sanitaria y económica, y está claro que en esto Abascal tiene razón y dice la verdad. Y coincide con lo que piensan muchos españoles, incluso buena parte de votantes del PSOE, y de especial manera en lo que se refiere a los ataques de Pedro Sánchez a las instituciones de la Justicia y La Corona, y a la convivencia nacional.

Pero a Abascal y a Vox, les falta un proyecto moderno y democrático y les sobran improperios y descalificaciones de sal gruesa, cuando hablan de un gobierno ‘mafioso’ o ‘criminal’ o amigo de los narcotraficantes, etcétera.

Como también le sobran ataques a la inmigración y los elogios al Gobierno de Franco diciendo que era mejor que el de Sánchez. E incluso declaró estar a favor de ilegalizar a partidos políticos contrarios a la unidad de España, lo que no es democrático ni constitucional. Y se equivoca cuando Vox niega el cambio climático y el mundo global y multilateral que es una realidad. Y no digamos en su empeño en hablar del ‘virus chino’, imitando a Trump.

Esas posiciones y sobre todo su ataque frontal a la Unión Europea para hablar de la ‘Europa de las naciones’, y de un extraño ‘Iberespacio’. Lo que le servirá al PP para justificar su posible ‘no’ a Abascal una vez que ayer su secretario general Teodor Egea calificó la moción de censura y el discurso de Abascal de ‘tomadura de pelo’, lo que encamina al PP a votar que ‘no’.

Algo parecido venía a decir al inicio de su discurso Pedro Sánchez cuando se preguntó: ‘¿qué hacemos aquí?’. Pues él nada especial porque se llevó al Congreso ya escritos los discursos y las réplicas a las intervenciones de Abascal y de su compañero Ignacio Garrida que hizo la presentación de la moción.

Si el discurso de Abascal era esperado y duro con Sánchez e Iglesias, el de Pedro Sánchez fue lamentable en descalificaciones y su reiterado discurso del ‘odio’ de Abascal que en este país profesan sobre todo en Podemos y entre los aliados de Sánchez del nacionalismo vasco y catalán.

Sánchez se dedicó a hacerse propaganda y no respondió nada al discurso de Abascal. El que seguramente no escuchó, ni el una buena parte de su Gobierno porque todos estaban liados con los móviles y tabletas. Y porque Sánchez no dio noticia alguna ni ofreció soluciones a la crisis institucional, económica y sanitaria de país, culpando a la oposición de todo ello por no colaborar con él.

Y llegando Sánchez a decirle al líder del PP, Pablo Casado, que debía votar ‘no’ a la censura de Abascal, para no contaminar a la ‘derecha del PP con la extrema derecha de Vox’. Entrometiéndose a sí en la vida de otro partido y como si las alianzas de Sánchez con Iglesias, Junqueras y Otegui fueran inocentes, peores que la relación del PP con Vox.

Lo que buscaba Sánchez era preparar el ring donde mañana se enfrentarán Casado y Abascal, para que esa sea la noticia del debate de la censura y no el inventario de los desastres del Gobierno de coalición que relataron los portavoces de Vox, Garriga y Abascal.

Sánchez fue a embarrar el terreno de juego, volvió a mentir como en él es una costumbre, y como hizo en la última campaña electoral cuando se comprometió a no pactar con Podemos, Bildu y ERC, mentiras por las que varias veces le preguntó Abascal y Sánchez no respondió.

Un Abascal que en respuesta a Bildu leyó la lista de nombres de las más de 800 víctimas de ETA, en un momento de indiscutible tensión y emoción y al final del primer día de debate y menos tenso arrasó con sorna a algunos de los portavoces de las minorías como Errejón y Rufián.

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