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El exilio domiciliario

Abc.es 
Comparar a Puigdemont con los exiliados del franquismo es sólo una deposición más de la colitis oratoria de Pablo Iglesias, que emana de su desnutrición intelectual. La anemia cultural del vicepresidente, fruto de una crianza dogmática en la que el pensamiento propio y la inquietud filosófica no llegaban a su alacena, como ahora no llega la electricidad a los asentamientos chabolistas, le ilumina para sus parangones grotescos, que suelen violentar el derecho natural y el sentido común. «A la soledad me vine», se desgarró Alberti desde su nostalgia argentina. Pero Iglesias veja a los transterrados que le allanaron el camino porque no sabe qué opina exactamente sobre casi nada. Sólo sabe que tiene la razón siempre. Y su altanería estéril... Ver Más

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