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Exilios

Abc.es 
Cruzó la frontera de Port-Bou cuando tenía 9 años: ella, su madre y nada. La permitieron retornar a España a los casi cincuenta. Pero el exilio había sellado su carácter. Y no para mal: el exiliado aprende a ponerse en el lugar del otro; es su tesoro moral. Y ve el ridículo que se enmascara tras las identidades: el ridículo, cuando no la infamia. El recuerdo de la que fue la abuela de mis hijas me golpea al escuchar la obscenidad de ese inválido moral en funciones vicepresidenciales: la misma categoría, «exiliado», acogería -según él- por igual a los de 1939 y a Puigdemont; a las pobres gentes de vidas destrozadas por una huida hacia la noche y la niebla,... Ver Más

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