Drogas: tenemos otro problema
Evitar la presencia de conductores drogadictos nunca ha sido fácil y el último año, entre confinamientos, cierres perimetrales y toques de queda, la mayoría de plantillas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ha tenido que ir destinando efectivos a cumplir aquellas nuevas directrices que se les demandaba: quién llevaba mascarilla, cuántos iban en un coche sin ser familia, quién abandonaba de forma irregular su comunidad o su municipio... tareas que han desviado la atención sobre un problema cada vez más anclado en nuestra sociedad y silencioso: las drogas al volante, porque, a diferencia del alcohol, pasa mucho más desapercibido. Esta circunstancia ha permitido un crecimiento silencioso pero exponencial de consumidores de cannabis, cocaína o marihuana que son conductores; de hecho, porcentualmente y en relación a los controles específicos que se realizan, son más los que dan positivos por consumo de drogas (un 34,7%) que los de alcohol (1,4%). Y también son más peligrosos porque mientras el perfil del bebedor al volante se identifica más con el consumo de fin de semana, el del drogadicto lo acompaña los siete días de la semana; además, la presencia de estupefaciente en su organismo es mucho más prolongado.