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Antonio Susillo, la miel de unas manos que llamaron a la muerte

Abc.es 
«Perdóname, María de mi alma. Me he convencido de que mi carrera no produce para ganar la vida. Adiós, mi vida». En los buenos ropajes de aquel hombre tirado al lado de las vías del tren junto a la Barqueta hallaron dos cartas. Una de ellas, dirigida a su esposa, con esas líneas entre las que se puede leer a un hombre abatido y desdichado, presionado hasta la extenuación como escultor de cabecera de la aristocracia española y por la mezquindad, dicen, de su propia esposa. En la segunda de las cartas escribió lo siguiente: «Al señor juez: me mato yo. Mi mujer, Dª María Luisa Huelin, es mi única heredera». En el periódico del día siguiente a aquel 22... Ver Más

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