Los tanques marcha atrás
Serrat hace tiempo que manosea sus canciones, que las degrada con pésimos arreglos. El joven izquierdista emocionado y sincero que las compuso fue dejando paso a un cínico que predica lo contrario de lo que vive y cuya obra circula en contra dirección en la opulenta autopista de su día a día. Casi nunca se puede ser un cínico sin que se note que estás intentando engañar a los demás. pero si te dedicas a escribir como Serrat, cualquier cálculo o amago de contabilidad en otra caja, te hunde y te degrada. Las canciones con que en su última gira se está despidiendo, han llegado fofas, despelucadas, con la dentadura postiza olvidada en la taza. Serrat viste un traje gris de empleado de Tabacalera y una camisa azul por dentro, tan caótica en su fricción con el cinturón que parece que no se la hubieran acabado de ajustar las enfermeras de la residencia. El artista, en lugar de cuidar de sus composiciones durante estos años, se ha dedicado a burlarse de ellas con instrumentalizaciones infames, alargando su cacareo de un modo folklórico y humillante, y sin tener la valentía de escribir temas nuevos que contaran lo bien que le ha ido gracias al capitalismo y pese a las estupidisimas teorías económicas y políticas que siempre ha defendido. Por lo menos no es independentista, esto es cierto, pero su vida y sus planteamientos no guardan proporción; y nada tiene que ver, tampoco, lo bien que viven sus hijos y sus nietos gracias a su talento y a que no somos cautivos de regímenes socialistas ni comunistas, con el tipo de retórica que pone en ondulación en los recitales. Hace años que Serrat no está a la altura de sus canciones, que ya no recuerda la delicadeza con que las compuso, ni el talento, ni la inspiración, ni lo que le debemos a la verdad los que intentamos explicar el mundo escribiendo. Serrat se ha dedicado en los últimos años a arrastrarse con su música, a exprimirla como a un animal de carga, sin piedad, sin ningún respeto a su hermosura. Y hasta sus mejores canciones, sus himnos, han llegado tuneados, descompensados, francamente cansados a este adiós de uno de los mejores cantautores de todos los tiempos. Hay que escribir como se vive. El arte es una parodia si no asume las contradicciones del artista. No hay belleza alejada de la verdad. No hay mentira a la que no se le corra el rímel. Serrat se ha hecho mayor, como todos. Pero su patetismo cacareante de esta última gira, y sus canciones travestidas con arreglos de fiesta mayor de pueblo, no son culpa de la edad sino de la inmoralidad, de la mentira, de su mezquino asegurarse con sus panfletos de pacotilla que su público no mejoraba intelectualmente, no fuera que se marchara con otro artista que se hubiera tomado más en serio su talento y que no hiciera tanta comedia. La belleza, como la libertad, no es estática. Si no avanza, retrocede. Serrat creó de joven grandes obras. De viejo las atropellaron los tanques marcha atrás saliendo de Praga.