Trepar a la Giralda
Se dice de la gente de Cádiz que se vuelve loca cuando salta el Levante, que las ventoleras los dejan majaretas perdidos. Algo parecido nos pasa a los sevillanos cuando rompe el azahar, cuando la ciudad se perfuma de euforia y la vida se convierte en un sueño recurrente, en un espejismo palpable. Añadamos más madera si es de noche, la madrugada de un bisiesto, si la luna se asoma por las azoteas prometiendo sopa de estrellas, si los callejones se estrechan y las farolas dibujan con luz sobre los adoquines. La belleza, hija del amor, es un motivo más que respetable para enloquecer, una coartada digna, que no absolutoria. Lo que no se puede explicar y tampoco se aspira... Ver Más