Tu prole
No rezonga la tierra, como ayer, cuando por más hondas que metiera sus manos jamás volvía a la superficie con una prueba de humedad. De momento –en el campo nada es definitivo–, se acabó la ruinera. Ya no hay que engañar con serrín donde ayer faltaba afrecho. Las raíces tienen alimento suficiente. El abril que conculca sembrados y yerbazales va dejando la gratitud en cada pisada. No es para menos. Se fueron –de momento– los días camanduleros que vendían embustes como lluvias, cuando nos pintaban nubes lejanas y aventaban la tarde con abanicos de mentira. Ahora, el campo es una verdad rotunda, pletórica. Única. Recuerdas cuando, allá en la era, un día las gallinas cluecas desaparecían de los alrededores del... Ver Más