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Madrid mide la fragilidad de medio millón de mayores para mantenerlos autónomos

Abc.es 
Caminar en línea recta a cierta velocidad, mantener el equilibrio con un pie delante de otro durante diez segundos, o sentarse en una silla y, con los brazos cruzados sobre el pecho, ser capaz de levantarse son algunas de las pruebas que se realizan en los centros de salud a los mayores de 70 años , para detectar su grado de fragilidad. De él dependen sus posibilidades de sufrir una caída, por ejemplo, o su autonomía. Y existen métodos sencillos que sirven para reforzarla y ganarle vida a los años. El sistema público de salud madrileño ha evaluado, en los últimos dos años, a 465.535 personas mayores de 70 años para potenciar su autonomía y frenar el avance de un posible deterioro funcional. Y ha realizado otras 187.839 mediciones para la detección precoz de la fragilidad. Son programas que parten de un documento sobre manejo de fragilidad y caídas que lanzó el Ministerio de Sanidad en 2014, y que están en la cartera de servicios de la Comunidad de Madrid desde 2018. No obstante, la pandemia frenó su extensión, y sólo después de superarla, a partir de 2021 ha vuelto a alcanzar velocidad de crucero. Noticia Relacionada estandar Si Los madrileños, los que más viajan y gastan más de turismo por España Sara Medialdea «Ha cambiado el objetivo, antes sólo se atendía a las patologías, y ahora también se persigue preservar la autonomía y la capacidad funcional de los mayores», explica Marianela Bayón, enfermera y coordinadora técnica de la Cartera de Servicios Estandarizados de Atención Primaria. Detectar la fragilidad permite tratarla, y evitar que avance: «Es un estado de prediscapacidad, que no se ve a simple vista, hay que buscarla». Captación oportunista Y ahí entra el trabajo de las enfermeras, que aprovechan las visitas del paciente crónico o cuando acuden a las campañas de vacunación para hacer lo que llaman «una captación oportunista» de pacientes para someterles a estas pruebas. Otra vía es llamarlos e invitarles a pasar el control, cuando están dentro del grupo de edad. Hacerse mayor no es fácil, y menos aceptarlo. Y la fragilidad no siempre es visible: «Vemos personas que aparentemente son independientes, pero se les aplica el índice de Barthel, que mide la capacidad para realizar las actividades en la vida diaria» y resultan no serlo tanto. Este permite saber si los mayores son capaces de comer, desplazarse, vestirse o cuidar de su aseo personal con autonomía. Lo siguiente es comprobar si hay problemas de debilidad o fallo en equilibrio o fuerza de las piernas. «Se comprueba que caminen, que mantengan el equilibrio y la capacidad de sentarse y levantarse», explica Marianela Bayón. Las pruebas se hacen cada dos años a mayores de 70 años, y cada año a los de más de 80. Las fórmulas para frenar el deterioro son cuatro: una alimentación adecuada, ejercicio físico, atención a la medicación y más relaciones sociales. Lo relativo a la nutrición no es tan simple como parece: «Todo el mundo te dice 'yo como bien', pero cuando rascas un poco…», señala Carolina Cuesta, enfermera en el centro de salud José María Llanos, en el Pozo del Tío Raimundo. Poca proteína «Dejan de cocinar, la carne se les hace bola, el pescado es muy caro… muchos mayores tienen problemas porque consumen poca proteína», algo en lo que también influye el nivel socioeconómico. Lo ratifica a su lado Petra, 72 años, orgullosa vecina del Pozo «desde hace 12 años, y no lo cambio por nada». En cuanto al ejercicio, «no se trata sólo de caminar», defiende Carolina, sino de «ejercicios multicomponente, una mezcla de resistencia, fuerza y flexibilidad». En la consulta se les dan consejos para ambos campos, y también se analizan los tratamientos que siguen, porque muchas personas a esta edad «tienen polimedicación», y se intenta, bajo supervisión médica, que prescindan de aquellas pastillas que ya no les son útiles o les pueden ocasionar problemas o más propensión a las caídas. El ejercicio físico está muy vinculado también a la socialización. «Hay quien va al gimnasio por el cafelito de después, y eso es doblemente bueno, porque se ejercitan y hacen vida social», indica la enfermera. Marianela Bayón, coordinadora de la cartera de servicios ISABEL PERMUY Carolina realizar a Petra las pruebas SPPB –Batería Corta de Desempeño Físico–, que la paciente sigue con total concentración. «Ahora camina hasta aquí, muy bien; date la vuelta y regresa». Petra arrastra «una fibromialgia desde que tenía 30 años, y también mucha depresión». En función de sus resultados y de su índice de Barthel, «establecemos el plan de cuidados», le explica Carolina. «Vivimos más años, muchos, pero si medimos nuestra calidad de vida sin enfermedad, no estamos tan bien», señala la enfermera, que alerta especialmente sobre el momento peligroso de la jubilación, cuando «hay quien piensa: 'pues ya soy mayor, ya no voy a hacer nada'». El sedentarismo es el enemigo número uno a combatir.

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