World News

El Real Madrid se reencuentra contra el Athletic Club (1-0)

Le pegó Fede Valverde como solo le pega él, un experto en cañonazos, con las dos piernas, con cualquier parte del pie, desde cualquier sitio. Le pegó cuando el partido ya había entrado en los minutos de descuento y cuando el Real Madrid había hecho todo lo que podía hacer para ganar un partido. Fue una segunda parte de puro Real Madrid, el de verdad, el que va a por todas, con fútbol y con entrega, que empuja al rival y suma oportunidades. Un Madrid para reencontrarse con su público y con sus aficionados; un Madrid, en fin, para no dar por perdida la temporada aún, para volver a dar esperanza a los suyos, que se habían dejado todas las ganas en la eliminatoria contra el Arsenal.

Entonces, el Madrid no estuvo a la altura, como no lo ha estado varias veces esta temporada. Por eso, el partido del Bernabéu era una prueba de fuego: por el recibimiento primero y por lo que podía pasar después. Cuando el Madrid saltó al campo y se cantaron las alineaciones, no hubo problemas. Está el Bernabéu menos crítico que otros años. La única vez que se oyeron silbidos fue cuando en el videomarcador se vio a Mbappé en la grada. Al oír esos silbidos, una parte de la grada rompió a aplaudir. Pero si había ruptura entre la afición y el equipo, no se vio contra el Athletic.

 

Ni siquiera cuando al descanso se llegó con empate a cero después de una primera parte de la que nada se puede contar, porque nada quedó en la memoria de nadie. Es conveniente no ocupar sitio en el cerebro con recuerdos tan sosos.

Cuatro centrocampistas, dos delanteros

Lo único destacable: que Ancelotti cambió el plan. Y eso sí que hay que contarlo. Sin Mbappé, salió al campo con tres jugadores en el centro del campo, más Bellingham. Además, en las bandas, Valverde y Camavinga. Es un equipo más compacto, más equipo. El francés puede desatarse sin desordenar al resto y Valverde, pues eso, es Valverde donde sea.

Así, en la primera mitad el Real Madrid dominó el partido sin problemas y tuvo una posesión exagerada frente a un Athletic sin habilidades para sorprender al rival. LaLiga se ha convertido en algo secundario para los de Valverde, centrados en Europa, y llegaron al Bernabéu mansos en ataque, pero muy concienciados en defensa. Con más jugadores en el centro del campo y con Vinicius y Rodrygo en las bandas, era Bellingham quien hacía de delantero, aunque a demasiados metros del área. El Madrid dominó, no pasó peligro, fue cerrando la herida del pasado miércoles y llegó al descanso algo aburrido, pero vivo y con más confianza que cuarenta y cinco minutos antes. Fue una primera parte para cicatrizar.

Lo divertido llegó después, una segunda parte típica de un Bernabéu feliz, de un equipo y una afición que no se miran con desconfianza. Pero no llegaba el gol, pese a los incansables esfuerzos de Vinicius para lograrlo. Tardó en llegar, por ejemplo, por un centímetro del pie de Endrick, que propició un fuera de juego antes de que Vinicius metiese el balón en la portería. No valió (y por cierto, Vinicius, cuando creía que era gol válido, no quiso celebrarlo. Era un mensaje claro). No se captó porque estaba todo el mundo pendiente del VAR.

 

La decisión no cambió el carácter del Madrid, que desde hacía muchos minutos ya jugaba con tres delanteros y dos mediocampistas. Quizá la fórmula buena sea esa: empezar con un equipo más equilibrado y acabar con uno mucho más loco. Estaba Endrick en el campo y eso, además, ya aporta un montón de voluntad.

Era desesperante para la grada ver cómo su equipo lo intentaba de verdad, con ánimo e ideas, por dentro y por fuera, y no lo conseguía. Parecía una broma sin gracia que un Madrid por fin vivo tras tantos partidos se quedase sin premio. Lo evitó Valverde y ese cañón que tiene en la pierna.

Real Madrid - Athletic Club, en directo hoy: jornada 32 de LaLiga EA Sports, en vivo online

Читайте на сайте