Así fue el último sermón del Papa Francisco durante la Misa de Pascua del Domingo de Resurrección
La Plaza de San Pedro se engalanó ayer para celebrar la resurrección de Jesucristo. Más de 35.000 fieles se congregaron para celebrar la Misa de Pascua, presidida este año por el cardenal Angelo Comastri, arcipreste emérito de la Basílica de San Pedro y vicario general emérito de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano. Por deseo del Papa Francisco, aún convaleciente en Casa Santa Marta, fue él quien ofició la celebración. A pesar de ello, el Sumo Pontífice quiso estar presente en la ceremonia. Aún convaleciente de su infección respiratoria, que le obligó a permanecer ingresado durante 38 días en el hospital, saludó desde el balcón de la logia central de la basílica de San Pedro para la bendición Urbi et Orbi tras la misa del Domingo de Resurrección sentado en una silla de ruedas ero sin cánulas nasales para el oxígeno. Aprovechó para pedir al maestro de ceremonias que leyese su mensaje de la Pascua durante la misa oficiada por el cardenal Angelo Comastri.. A continuación quiso saludar a los fieles que allí se congregaron y realizó un breve paseo en el papamóvil, desde donde bendijo a varios bebés.
La liturgia comenzó con la apertura del icono del Santísimo Salvador y el canto del "Aleluya", que resuena de nuevo tras su ausencia durante la Cuaresma. En su sermón, Bergoglio subrayó dos aspectos fundamentales del anuncio pascual. En primer lugar, destacó que Cristo ha resucitado, que está vivo. Por eso, "no debemos buscarlo en el sepulcro. No se trata de una bella historia del pasado ni de un héroe para recordar o una estatua para admirar. Todo lo contrario: hay que salir a buscarlo. Buscarlo en la vida diaria, en el rostro de los hermanos, en lo cotidiano, en lo inesperado. Buscarlo en todas partes, excepto en el sepulcro".
"Buscarlo siempre", insistió el Sumo Pontífice, porque "si ha resucitado, entonces está presente en todo lugar. Habita entre nosotros, se revela —y también se oculta— en las personas que encontramos cada día, en los momentos más sencillos e impredecibles de la vida". "Él está vivo y permanece con nosotros", añadió, "llorando con quienes sufren y multiplicando la belleza de la vida en los pequeños gestos de amor de cada uno".
Durante su mensaje, insistió en que la fe pascual no es una solución estática, ni una cómoda seguridad religiosa. "Al contrario, nos pone en movimiento. Nos invita a abrir los ojos y ver más allá, a reconocer a Jesús como el Viviente: el Dios que se revela, que camina a nuestro lado, que nos habla, nos precede y nos sorprende", dijo.
El Sucesor de Pedro quiso hacer un llamamiento a la esperanza: "Es la más grande de nuestra vida: que podemos vivir nuestra existencia —pobre, frágil y herida— aferrados a Cristo, porque Él ha vencido la muerte, vence nuestras tinieblas y nos lleva a vivir con Él en la alegría, para siempre".
Finalmente, el Papa no quiso dejar pasar la oportunidad de hacer mención al Jubileo, del que dijo que "es una oportunidad para renovar la esperanza. No una esperanza abstracta o superficial, sino una fuerza viva que se encarna en medio de nuestros sufrimientos, preocupaciones y cansancio. Estamos llamados a dejarnos transformar por ella, a mirar el mundo con nuevos ojos, y a contagiar esa esperanza a quienes nos rodean. No podemos permitir que el corazón se encierre en ilusiones pasajeras ni en la tristeza. Debemos correr, llenos de alegría, al encuentro de Jesús".
El Cardenal Comastri concluyó la lectura del mensaje del Papa Francisco y quiso agradecer al sumo Pontífice "este llamado tan fuerte a despertar nuestra fe en Jesús resucitado, vivo y siempre presente a nuestro lado. ¡Gracias, Papa Francisco, y feliz Pascua!”