Pshhhhhoe: al presidente no se le chista
Pshhhhhoe. Al presidente no se le chista, pero, a la chita callando, el líder del Ejecutivo sí se ha despachado como en el antiguo «Sálvame», reconvertido en el castrado «Familia de la tele» del ente público, con su pandilla. Aunque quizá seamos todos unos malpensados y Sánchez solo se limitaba a coleguear con Pepelu como dos amigos que ponen motes a su «chupipandi».
Pepelu, por aquel entonces, era un quedabien que no se mojaba en las conversaciones para que otros despotricasen e ir con el cuento. Mientras, iba ampliando el almacenamiento de su iCloud (que buena pasta le habrá costado), por si venían mal dadas. Al César, lo que es del César, el exministro ha demostrado ser un gran vidente o ya sabría por aquel entonces que en algún momento le cazarían y que tenía material de primera en el que él parecería una monjita de la caridad.
Pero hubo una cosa que Ábalos, verdugo de su señor, y un tanto pelota, no consiguió: impedir que el presidente de Castilla-La Mancha, némesis de Pedro Sánchez, dejase de «tocar los cojones» (el líder dixit, que yo no soy tan mal hablada ni utilizo unas expresiones tan machistas). Parece ser que a Sánchez le molestaba que García-Page lo hiciera con las manos frías. Esto demuestra que el líder socialista lo que pretendía es tener atados a todos sus barones por donde se le hace a San Cucufato.
Apuesto a que en esa Conferencia de Presidentes, que el jefe del Ejecutivo se ha sacado de la manga para hablar de otra cosa que no sean sus mensajes, el ambiente con los suyos será como de casa de la pradera. No está el horno para bollos, sobre todo con el castellanomanchego, con quien en el anterior evento de líderes territoriales ya tuvo su pequeño rifirrafe. Sánchez le cortó después de que el barón socialista se extendiese diez minutos en su interlocución.
Page, lejos de callarse, le replicó: «Ya lo sé presidente, pero si prorrateo los temas por los tres años que lleva la Conferencia sin convocarse...». Zasca. La de ahora está prevista para el 6 de junio. Tal día como aquel de 1993, Felipe González era reelegido presidente por cuarta vez consecutiva. A partir de ahí, cayó en picado.
Seguro que en el Palacio de Pedralbes (Barcelona) ya están pensando en el menú y en las intolerancias del presidente, que por lo visto no son pocas.