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Desesperación de dos propietarios que se encadenan 8 horas en su propia casa para exigir al inquilino que pague

La tensión se disipó finalmente con un papel y una firma. Tras una noche de encierro que se prolongó durante ocho largas horas, un inquilino accedió a abandonar la vivienda que ocupaba, sellando para ello un compromiso firmado por escrito. El acuerdo, que fija la fecha de salida para antes del 27 de febrero, fue rubricado con un agente de policía como testigo, poniendo fin a un conflicto que había llegado a un punto insostenible.

Sin embargo, para llegar a este desenlace, los propietarios tuvieron que recurrir a una medida tan insólita como desesperada: encadenarse dentro de su propia vivienda. Accedieron al inmueble con el permiso del arrendatario y, una vez dentro, se inmovilizaron para exigir el pago de las deudas o, en su defecto, la desocupación inmediata de la casa.

Lo más llamativo del episodio es que la protesta se desarrolló con la familia del inquilino al completo presente en el domicilio. Él, su pareja y sus dos hijos compartieron espacio con los dueños encadenados desde las seis de la tarde hasta las dos de la madrugada, un periodo en el que el arrendatario se vio obligado a llamar a la policía en dos ocasiones para que mediara en la creciente tensión.

Por otro lado, el conflicto trascendió las paredes de la casa e involucró a parte de la comunidad de vecinos. Varios de ellos mostraron su apoyo explícito a los caseros durante la protesta, llegando incluso a acusar al inquilino de haber provocado daños en elementos comunes del edificio, como los contadores del agua.

La versión del inquilino frente a la drástica medida

No obstante, el arrendatario ofrece una versión de los hechos que choca frontalmente con la contundencia de la protesta. Según su testimonio, la deuda que mantenía con los propietarios se limitaba a dos mensualidades, correspondientes a los meses de noviembre de 2023 y enero de este año, una cantidad que, a su parecer, no justificaba una reacción de semejante envergadura.

En este sentido, el hombre asegura además que no se había negado a pagar, sino que había intentado buscar una solución pactada. Sostiene que llegó a proponer un plan de pagos, una oferta que, según él, fue rechazada de plano por el propietario, lo que habría empujado la situación hacia el callejón sin salida que se vivió esa noche.

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