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Los libros de la semana que no puedes perderte para empezar 2026: del "Oxígeno" de Marta Jiménez a "Los nombres" de Florence Knapp

"Un hombre mejor", de Louise Penny: la cansina e insobornable integridad del inspector Gamache

6/10

Por Lluís Fernández

La saga del inspector jefe Gamache parece no tener fin. Su autora, Louise Penny, acaba de publicar la vigésima novela, «The Black Wolfe», de este canadiense que vive en un lugar imaginario llamado Three Pines, cerca de Quebec, rodeado de una serie de personajes que andan entre la extravagancia y el friquismo amable y que conforman la familia extensa de Gamache.

De entre los libros traducidos en España, quizá el más memorable sea el octavo, «Un bello misterio», un clásico «cozy mystery» ocurrido en el apartado monasterio de Saint-Gilbert-Entre-les-Loups, en el que dos docenas de monjes de clausura viven alejados del mundo desde hace varios siglos. En «Un hombre mejor», esos personajes que habitan como en una comuna jipi comienzan a resultar cansinos. Se repiten los tics y apenas aportan nada a la trama criminal: una mujer de un caserío desaparece y el deshielo primaveral amenaza con unas inundaciones que pueden anegar la provincia de Quebec.

Llama la atención la borrascosa pero precisa descripción de la reunión del equipo de emergencia, que contrasta con el desastre de coordinación –que no la hubo– de las distintas administraciones gubernamentales y locales de la dana valenciana. En esas condiciones meteorológicas, Gamache, muy tozudo, se empeña en investigar la desaparición de esa joven, que aparecerá finalmente muerta en el río Bella Bella y amenaza con arrasar el paraíso del inspector. Además de la integridad, Penny destaca en esta novela la característica de Gamache: la exploración de las emociones y los sentimientos. De nuevo, la autora utiliza el recurso del «red herring», una «pista falsa» para confundir. A Gamache, sus compañeros le hacen la vida imposible pero sigue siendo de una insobornable integridad, similar a su modelo, el inspector Maigret. .

  • Lo mejor: la inquietante descripción de las lluvias torrenciales y la búsqueda de la mujer desaparecida
  • Lo peor: la comunidad de «Three Pines», que aparece a lo largo de toda la novela sin aportar nada a la trama criminal

"Oxígeno", de Marta Jiménez Serrano: inyección de «Oxígeno» a la literatura española

9/10

Por Diego Gándara

«Oxígeno» es, como suele decirse, un libro necesario, pero no en el sentido en que suele decirse que un libro es necesario, sino en otro: es un libro necesario, en primer lugar, para la autora, la narradora, y necesario, también, para los lectores, que descubren al final de su lectura (después de haber leído el libro como si se quedaran sin aire), cuán necesaria es la respiración, el oxígeno, la vida misma, y la escritura. Porque el nuevo libro de Mara Jiménez Serrano (Madrid, 1990), una de las escritoras más lúcidas de la literatura española actual, autora de dos novelas increíbles e inquietante como son «No Todo el mundo» y «Los nombres propios», es eso: un volumen que, mientras se lee, deja al lector sin respiro porque la narradora, que también es la autora del libro, se va quedando sin respiración, sin oxígeno.

El punto de partida de este libro tan arriesgadamente personal es el mes de noviembre de 2020, en una época en que la pandemia había menguado y en la que Marta Jiménez Serrano estaba a punto de publicar su primera novela. Sin embargo, un sábado cualquiera, ella y su pareja casi pierden la vida: la caldera tenía una fuga y el monóxido de carbono fue adormeciéndolos hasta que Marta cayó desplomada en el baño y se golpeó la cabeza y, como se dice, se salvó milagrosamente.

Podría haber sido una muerte dulce y, en ese caso, no habría libro. Pero la vida fue más fuerte y el resultado es esta obra que, como señala la propia Marta Jiménez Serrano, «nunca hubiera querido escribir». Porque «Oxígeno» es una reflexión a corazón abierto sobre el sentido y el sinsentido de la existencia, del hecho de estar vivo y, claro, sobre el sentido de la escritura. Un libro único, necesario, que abre puertas y ventanas para que entre el aire, el oxígeno.

  • Lo mejor: es un libro que vale por lo que cuenta y por cómo lo cuenta y porque se mueve en el filo inquietante que existe entre la muerte y la vida
  • Lo peor: nada que objetar negativo a una obra valiente, original, con la que Marta Jiménez Serrano se consolida como una autora de prestigio

"Los nombres", de Florence Knapp: ¿puede tu nombre cambiar el destino de toda tu vida?

8/10

Por Ángeles López

La literatura actual suele interrogarse por el peso de las decisiones imperceptibles, pero pocas veces lo hace con la radicalidad ética y la coherencia formal que despliega «Los nombres». Estas páginas articulan su ambición a partir de un gesto fundacional –la elección de uno– para convertirlo en el punto de ramal de tres trayectorias vitales que se extienden a lo largo de varias décadas. No se trata de un ejercicio especulativo sobre destinos alternativos, sino de una indagación rigurosa sobre la identidad, la herencia y la violencia estructural que pesa sobre el espacio doméstico.

La organización tripartita, constituida en saltos temporales regulares, funciona como un preciso instrumento de observación ética. Y cada línea narrativa permite contemplar cómo una infancia puede derivar en vidas divergentes sin que se altere el núcleo del conflicto: la presencia de un padre abusivo cuya autoridad se impone en la intimidad y en el imaginario social. El ardid narrativo, lejos de diluir el impacto emocional, lo intensifica, pues revela una verdad incómoda: en contextos de control coercitivo no existen salidas impunes.

El simbolismo de los nombres –uno asociado a la ternura instintiva, otro a la introspección y un tercero a la repetición de un linaje masculino asfixiante– no conduce a un determinismo simplista. La novela es demasiado inteligente para sugerir que un nombre determina el porvenir. Más bien explora cómo las palabras con las que se nos designa interactúan con el entorno afectivo y social, reforzando o erosionando las posibilidades de emancipación personal. En este sentido, el relato dialoga con una tradición literaria que combina el experimento moral con el estudio psicológico sin perder nunca su anclaje en lo concreto. Porque es un canto a la sonoridad y las palabras.

  • Lo mejor: posee una estructura audaz y valiente al servicio de una reflexión ética profunda sobre la violencia, la identidad y el destino
  • Lo peor: que cierta rigidez estructural y un antagonista deliberadamente plano limitan los matices psicológicos

"Corazones de piedra", de Karmele Jaio: abramos el corazón al dolor, la belleza, el tiempo y la bondad

9/10

Por Ángeles López

La narrativa de Karmele Jaio (Vitoria, 1970) se caracteriza por la sencillez de la prosa, la construcción de entrañables personajes, tramas argumentales de sorprendente resolución, sugestivos conflictos en el ámbito familiar, cierto humorismo crítico y ambientes de reconocible cotidianidad. Estos referentes nutren «Corazón de piedra», un conjunto de textos que integra relatos breves, aforismos, fábulas, parábolas y alegorías en una miscelánea de interesantes historias. En palabras de la autora, «mirar alrededor y escribir sobre lo que veo, lejos de endurecer mi corazón, lo ha vuelto más permeable, aunque no solo al dolor, a las decepciones o a la injusticia que habitan el mundo, también a la bondad y a la belleza que nos rodean y que pasan tantas veces desapercibidas». Con una alfabética disposición de diccionario se va desgranado el desamor, la violencia, la muerte o la desintegración de la memoria.

Junto a anecdóticas historias de clara intención ética hallamos ocurrentes sentencias y agudezas: «Las personas no son bumeranes. Cuando se alejan, no está garantizado que vuelvan»; «llamar a alguien por compromiso y que no responda. Qué gustazo colgar»; y «hay días en los que rebusco en el bolso, pero no me encuentro». En la mejor línea del apotegma clásico y el apólogo moral, estas páginas rebosan de inteligente sutileza, penetrante ingenio y deliciosa amenidad; a lo que cabe añadir la reflexión sobre la cotidiana realidad: «Quizá sería más saludable dejar de ver el tiempo como un caníbal y sentir cómo, al contrario, cada día nos vamos alimentando de él». Esta narrativa combina relato costumbrista, ficción ensayística, meditación intimista y experiencia vital. En conseguido tono conversacional, establece una lúcida complicidad con el lector, quien se ve reflejado en estas inteligentes páginas.

  • Lo mejor: su original estructura, que combina hábilmente diversas modalidades narrativas con clara intención ética
  • Lo peor: ninguna objeción destacable, siendo este un libro de penetrante observación sobre modos y costumbres sociales

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