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Un cambio de opinión de Sánchez: la última bala del PSOE andaluz para evitar el hundimiento

Por de pronto, Pedro Sánchez se mantiene en sus trece. Nanai de la China a adelantar las elecciones generales en España. A pesar de que, como reconoció él mismo ayer en la carta que remitió a la parroquia socialista, son muchos los que incluso dentro de sus filas le animan a «tirar la toalla». Por el sinfín de escándalos de corrupción, por la flagrante debilidad parlamentaria, que impide siquiera presentar unos presupuestos en tiempo y forma –los que se aprobaron en 2022 van por otra prórroga más–; por los malos pronósticos en las encuestas, por el primer castañazo en Extremadura, un aviso que ha espoleado a más que las viejas glorias del partido.

Nada parece indicar que el presidente del Gobierno esté dispuesto a pulsar el botón nuclear de las urnas antes de 2027. Pero, antaño, tampoco parecía estar dispuesto a gobernar con Podemos, ni a pactar nada con Bildu, ni a aprobar los indultos, ni mucho menos a entregarle a Carles Puigdemont, al que prometió traer de vuelta a España para juzgarlo y condenarlo, una amnistía que mandara al olvido todos sus delitos. Y lo hizo.

Así pues, la dirigencia socialista, en Andalucía y también en otros puntos de España, según trasladan un ramillete de destacados cargos a LA RAZÓN, se aferra a un enésimo cambio de opinión de su líder para evitar el hundimiento en un feudo clave: Andalucía.

Son muchos los que se muestran seguros de que las elecciones generales tendrán lugar el mismo día que las andaluzas, previstas para el mes de junio. Hay quienes se atreven a ponerle fecha: «El domingo 14». Por sus declaraciones, está claro que no es la primera opción de Sánchez. Pero puede que no le quede otra alternativa para salvar los muebles.

El objetivo es evitar una derrota que sitúe al PSOE por debajo de los 30 escaños en la que sí que sí fue su principal fortaleza durante cuatro décadas. Porque Andalucía no era únicamente un símbolo de poder, sino una garantía electoral. No es igual un territorio como Extremadura, que aporta 9 escaños al Congreso de los Diputados que Andalucía, que elige nada menos que a 61.

Los partidarios del adelanto de las generales con las andaluzas esgrimen varios argumentos. En el caso de los dirigentes andaluces, el primero es en defensa de sus propios intereses. No quieren verse en la misma tesitura que sus colegas extremeños, que han menguado hasta el punto de quedar más cerca de la tercera plaza, Vox, que de la primera, PP. La distancia entre Guardiola y el dimitido Gallardo es de más de 17 puntos y 11 escaños.

Sin parecerse del todo la situación del candidato imputado a la de María Jesús Montero, lo cierto es que la demoscopia proyecta un desenlace parecido. Hay encuestas que sitúan al PSOE andaluz en los 25 escaños. Y no sólo. Lo reconocen dentro del partido. «En la provincia de Almería vamos a quedar por detrás de Vox». Recientemente, el Centra (CIS andaluz) publicó sus datos y se encendieron las alarmas en el PSOE: el sorpaso del partido de Santiago Abascal podría darse en otros puntos muy significativos del territorio andaluz, caso de Huelva.

Como recuerda a este diario un destacado mando del PSOE andaluz, cuando tuvieron lugar las últimas generales, en 2023, «se logró una movilización» mucho mayor que en las autonómicas de 2022. En cuestión de doce meses, el PSOE recuperó más de medio millón de votos perdidos en el combate entre Juan Espadas y Juanma Moreno. La brecha entre PP y PSOE se redujo a tres puntos. Incluso la entonces cabeza de cartel en Sevilla, Montero, quedó ligeramente por delante de su rival, Juan Bravo.

Los socialistas andaluces no ven ninguna opción de recuperar San Telmo en el próximo asalto. A estas alturas, todo lo que esperan es evitar un desplome que imposibilite soñar con la ansiada recuperación el día de mañana. Las fuentes consultadas por este diario reconocen que «Vox ha dejado de dar miedo». Y en unas autonómicas, si alguien puede canalizar el voto útil para no depender de la formación verde, es el hoy presidente de la Junta.

La vicepresidenta primera del Gobierno, ministra de Hacienda, vicesecretaria general del PSOE y candidata en Andalucía, ha trasladado a alguno de sus colaboradores que no. Que no habrá adelanto. Que las elecciones andaluzas irán por un lado y las generales, por otro. El objetivo sigue siendo el mismo: agotar la legislatura.

Pero entre los cuadros del partido no terminan de creerse sus palabras. E interpretan que su continuidad dentro del gabinete puede deberse a que su salida se producirá el mismo día en que Sánchez convoque las generales. Recientemente, Montero dijo que seguiría con todos sus cargos hasta la aprobación de los primeros presupuestos generales del Estado de la legislatura y de un nuevo modelo de financiación autonómica. Está por ver cómo consigue contentar a sus socios independentistas catalanes, a los que les prometieron un cupo, sin enfadar a los andaluces.

Otro factor al que aducen mandos socialistas es que el horizonte político de Pedro Sánchez sería directamente insostenible después de un varapalo en las andaluzas. Al margen de la trascendencia del territorio. En Extremadura, reflexiona un importante parlamentario nacional del PSOE, «todavía podía echarle la culpa al candidato», pero es que ahora viene Aragón, con Pilar Alegría, que es «sanchista de pata negra». Luego, Castilla y León, con otra apuesta personal suya, y finalmente, Andalucía, ni más ni menos que su número dos. La persona más importante que ha tenido a su lado. De las pocas que permanecen en el Gobierno desde la moción de censura de 2018.

«Si cae María Jesús, habrán caído sus baluartes». Y el paralelismo con la historia reciente. «¿Cuándo dimitió Alfredo Pérez Rubalcaba? Cuando se estrelló en unas europeas su número dos, Elena Valenciano. No fue una derrota suya, pero todo el mundo entendió que sí era su derrota». Cuatro derrotas consecutivas, dos de ellas con pesos pesados de su gabinete, harían el camino de Sánchez a las generales del 27 aún más cuesta arriba. Que ya es decir.

Por mucho que su personalidad política esté forjada a base de golpes de efecto, decisiones arriesgadas y una resistencia a prueba de bombas, los socialistas creen que, esta vez, Sánchez optará por un cambio de opinión para justificar que coloca las generales el mismo día que las andaluzas. A estas alturas, tampoco le será muy difícil armar un relato que justifique su decisión sin que le comprometa la hemeroteca. Aunque, por otro lado, nunca ha dado síntomas de tener mucha preocupación por desdecirse de sus palabras.

Entretanto, en el Partido Popular cada vez refuerzan más la tesis de que las elecciones generales serán en este año que acaba de comenzar. «Esta es la última Navidad que pasa Pedro Sánchez en la Moncloa», dijo ayer el vicesecretario Elías Bendodo. En sus últimas intervenciones, Alberto Núñez Feijóo no ha hecho otra cosa que repetir que «el cambio» está al caer.

En el equipo de Juanma Moreno siempre han contemplado la posibilidad del adelanto de las generales con las andaluzas. Es más, en su última entrevista con LA RAZÓN, el presidente andaluz dijo lo siguiente: «No tengo ningún problema ni ningún temor. Es más, la fortaleza que tiene el PP andaluz, sin duda alguna, contribuirá al cambio en España».

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