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Cientos de muertos ponen en jaque al régimen iraní

Superadas las dos semanas de protestas antigubernamentales, continúa el pulso entre manifestantes y autoridades en las calles de ciudades de todo Irán. Desde el viernes es un pulso a oscuras, puesto que, como otras veces en el pasado, Teherán decidió suspender el funcionamiento de las telecomunicaciones para tratar de atajar la rebelión.

Con la excepción de los videos de las protestas que entran en los feeds de las redes sociales burlando el apagón, la información llega prácticamente ya sólo del lado del régimen de los mulás, que insiste en que las protestas -que comenzaron con la queja de los comerciantes del Gran Bazar de Teherán por la situación asfixiante que viven sus negocios- son meros actos de vandalismo instigados artificialmente por Estados Unidos e Israel y asegura estar dispuesto a responder militarmente a sus archienemigos si Irán es atacado.

Por su parte, este sábado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, daba un tercer aviso a las autoridades iraníes: habrá ataque si siguen empleando la violencia contra la protesta. Entretanto, las ONG comienzan a hablar de centenares de manifestantes muertos como resultado del fuego de las fuerzas de seguridad. En su último balance, la ONG HRANA -especializada en el seguimiento de los derechos humanos- elevaba hasta los más de 500 las personas fallecidas en los disturbios, de las cuales 48 son efectivos de seguridad, bien del Ejército o de la Policía.

Por su parte, las autoridades de la República Islámica se limitaban ayer a dar cuenta de las bajas en las fuerzas del orden 109 el número de agentes muertos, según recogía la agencia Tasnim. La escalada de violencia parece ya inevitable, como inminente también se antoja una operación bélica estadounidense.

Este domingo, los canales y medios opositores iraníes y otras cabeceras regionales poco sospechosas de simpatizar con la revuelta como el canal catarí Al Jazeera reportaban ayer que las protestas no sólo no habían perdido fuelle durante el fin de semana sino que habían escalado en intensidad a pesar del empleo de la violencia por parte de las autoridades.

Un régimen inflexible

Lo cierto es que, por ahora el régimen de los mulás sigue sin dar muestras de estar dispuesto a negociar con un movimiento opositor que carece de un liderazgo unificado y visible. El británico The Economist, con todo, aseguraba en un artículo publicado ayer que altos funcionarios del régimen sopesan en las últimas horas facilitar un relevo en el liderazgo del sistema teocrático -un escenario a la venezolana que pasaría por relevar al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei- para evitar el derrumbe completo del andamiaje político nacido de la Revolución Islámica de 1979.

El presidente Masud Pezheskian, la voz moderada del régimen, insistió ayer en una entrevista televisada en el guion oficial responsabilizar a "terroristas vinculados al extranjero" de los disturbios. "Les digo a las familias que no dejen que sus jóvenes se unan a los alborotadores y terroristas. Estas personas están entrenadas", dijo ayer el mandatario antes de tender la mano, como hiciera la semana pasada, a los manifestantes pacíficos y prometer que "atenderá a sus preocupaciones, nos sentaremos juntos, nos uniremos y lo resolveremos".

"Todo indica que el régimen no cederá ante las protestas y que existe el riesgo de una escalada y consolidación de la violencia. Ceder sería visto como una muestra de debilidad interna", asegura a LA RAZÓN el analista político hispano-iraní Daniel Bashandeh. "Mediante la confrontación, el régimen busca legitimar la represión contra los manifestantes, enmarcándola como parte de un conflicto más amplio con Estados Unidos e Israel. El objetivo es reforzar la cohesión interna y asegurar la lealtad de los Pasdarán, pilares y defensores de la Revolución Islámica", concluye el especialista.

Incertidumbre en torno a EE UU

Entretanto, la Administración Trump seguía sopesando este fin de semana la naturaleza de un ataque que se da ya por hecho. En su edición de ayer, The Wall Street Journal informaba citando oficiales gubernamentales de que el presidente estadounidense valorará con sus asesores mañana martes las distintas opciones de intervención. De la eliminación física del jefe del Estado iraní hasta una nueva oleada de bombardeos contra infraestructura sensible -como hicieran la aviación israelí y estadounidense en junio pasado-, todas las posibilidades se encuentran encima de la mesa aunque desde la Administración Trump no se han filtrado aún pistas sobre la opción predilecta del presidente.

Ante la posibilidad de una inminente agresión estadounidense, las fuerzas armadas israelíes aseguraban ayer en un comunicado remitido a los medios que siguen con atención las manifestaciones en Irán y que están dispuestas para defender a su país y "responder con fuerza" si fuera necesario. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, entraba asimismo ayer en escena para asegurar que cuando "la nación persa se libere del yugo de la tiranía (...) Israel e Irán vuelvan a ser aliados leales en la construcción de un futuro de prosperidad y paz para ambos".

También mañana, antes o después de su encuentro con su equipo de seguridad, está previsto que el mandatario estadounidense se entreviste en su residencia de Mar-a-Lago con el príncipe heredero, Reza Pahlavi, que se ha convertido en la principal cara visible de la oposición al régimen merced a una intensa actividad en redes en apoyo a la revuelta en las dos últimas semanas.

Ayer, el hijo mayor del último sha de Irán -residente en Estados Unidos desde 1978- volvía a llamar a los iraníes en general a echarse masivamente a la calle y en particular a los trabajadores de los sectores de la energía y el transporte a iniciar una huelga nacional: "Lo que le queda a (el ayatolá Alí) Jamenei es la brutalidad de una minoría brutal (...). Dad por seguro que serán castigados por sus acciones".

A juicio de Pahlavi, las protestas "han debilitado enormemente la capacidad de represión del régimen". "He recibido informaciones de que les faltan efectivos para confrontar a los millones de personas que hay en las calles", añadía un príncipe heredero que lleva casi medio siglo sin pisar suelo iraní y provoca reacciones encontradas entre opositores. No obstante, más allá de las simpatías que pueda despertar la figura de Reza Pahlavi entre la oposición iraní, la bandera monárquica se ha convertido en un elemento habitual en las protestas dentro y fuera del país.

Tres días de apagón

En cualquier caso, transcurridos más de tres días desde la caída de Internet y las comunicaciones telefónicas cualquier estimación sobre la situación sobre el terreno en estos momentos comienza a ser una mera especulación. "El corte de las telecomunicaciones es uno de los peores que se han registrado. Han sido incluso más intensos que en las protestas tras la muerte de Mahsa Amini. Ni siquiera la red doméstica (la Red de Información Nacional, NIN por sus siglas en inglés) se libró del apagón. Coincidiendo con las protestas se estableció lo que se ha llamado un 'toque de queda digital' en el que el acceso al internet global se cortó a través de la mayor parte del país, probablemente para impedir que la población se organizase y publicase información sobre las protestas", explica a La Razón el experto en derechos digitales Diego Naranjo.

"La situación ha ido cambiando", precisa el experto español residente en Bruselas. "En varios momentos no ha habido ni siquiera conexión móvil. Las últimas informaciones que he leído es que las llamas internacionales a Irán se han bloqueado también. Las personas que intentan llamar reciben un mensaje en inglés grabado, lo que recuerda a las medidas que el régimen utilizó para aislarse durante el ataque israelí en 2025", concluye Naranjo a este periódico.

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