Próxima estación: Sevilla
Josep Borrell ha evidenciado su distanciamiento de Pedro Sánchez a cuenta de la estrategia con los independentistas y, en especial, por la Ley de Amnistía. La falta de apoyo incondicional terminó con su no inclusión en las listas europeas de 2024.
No es el único dirigente que empezó apoyando al líder socialista y que ha terminado discrepando. Jordi Sevilla, otro de los apoyos iniciales con los que contó Sánchez y que llegó a ocupar la responsabilidad de presidente de Red Eléctrica, acaba de publicar un manifiesto político que, en términos internos del PSOE, es una enmienda a la totalidad a la dirección socialista.
No es la primera voz crítica de un exdirigente socialista. Todo un elenco de antiguos cargos en los gobiernos de Felipe González y Alfonso Guerra ha ido explicitando posiciones discrepantes con la deriva política del gobierno, pero la importancia del documento reside en algunos elementos que la hacen especialmente eficaz.
En primer lugar, se observa un malestar creciente en la organización, con mayor intensidad en los responsables municipales y regionales a los que les han saltado todas las alarmas tras el resultado electoral de Extremadura y el compromiso de trato privilegiado a Cataluña, resultante del acuerdo de la semana pasada entre Junqueras y Sánchez en plena campaña electoral en Aragón y en precampaña en Andalucía.
Los socios vierten más críticas que nunca al PSOE y han empezado a poner cortafuegos. Sánchez es consciente y ha decidido recuperar el apoyo de los aliados separatistas pagando un precio que ha cargado en la cuenta de los ministros-candidatos autonómicos.
No hay que desdeñar que el manifiesto se publica en las horas más bajas del líder socialista, como indican todos los sondeos electorales, que auguran un ascenso de la derecha y una caída estrepitosa del PSOE, además de apuntar que el líder socialista cuenta con una aprobación de menos del 25%.
Solo el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), instrumento al servicio de Sánchez desde la llegada de Tezanos a su dirección, lanza un pronóstico distinto.
En materia internacional, Sánchez no ha sido invitado a participar en las negociaciones sobre Ucrania, Israel o cualquier otro conflicto importante, su influencia internacional ha bajado como la espuma del champán y cierran el balance los problemas judiciales que cercan al presidente.
Sevilla disecciona con dureza, pero con la precisión de un cirujano, la política de alianzas de Sánchez que ha sometido al Partido Socialista a los populistas de izquierda y a los independentistas, negando cualquier tipo de acuerdo de Estado con el principal partido de la oposición.
De igual manera, arremete contra un liderazgo que ha arrebatado el debate interno y en el que solo se permite la adhesión inquebrantable.
Declara fallida la política económica del Gobierno que ha tenido como resultado un mayor aumento de las desigualdades, retratando un país en el que, con un Ejecutivo presuntamente socialista, los más ricos están acaparando la mayor parte del crecimiento mientras que las clases medias se están empobreciendo.
La extrema derecha está más fuerte que nunca. Sevilla responsabiliza a la dirección socialista que ha pagado el poder con privilegios y ha renunciado a una política socialdemócrata de redistribución de la riqueza. Lo que subyace a esta opinión es la idea de que Sánchez ha alimentado a Vox para impedir mayorías absolutas del PP y fijar la imagen pública de que Feijóo solo puede gobernar pactando con la extrema derecha.
La propuesta de Rodríguez Ibarra, después de los resultados extremeños, de facilitar el PSOE la investidura de Guardiola para que no fuesen necesarios los votos de Vox, golpeaba la línea de flotación de ese argumento. La respuesta de Sánchez fue inmediata cuando su persona de confianza al frente de la gestora descartó rotundamente cualquier aproximación en ese sentido.
Sevilla da voz a lo que muchos militantes y dirigentes socialistas piensan en privado, lo sabe porque ha mantenido un buen número de encuentros internos y ha pulsado una parte del PSOE.
Para que un líder caiga hacen falta dos condiciones: que haya motivos y que exista una alternativa. En el caso de Sánchez, la pérdida del norte político, la ingobernabilidad en la que estamos sumidos, la deriva incierta territorial, la ruptura del principio de igualdad entre españoles y el empobrecimiento de la mayoría de los hogares, son razones suficientes para haber puesto fin a la legislatura hace mucho tiempo.
Con el manifiesto de Sevilla comienza a forjarse una alternativa a Pedro Sánchez. Muchos socialistas han sido expulsados o han ido abandonando su militancia en un modelo autocrático y con tintes populistas que solo ha estado al servicio de los intereses de su líder.
La caída de Sánchez está cerca, pero no podrá responsabilizarse a Sevilla y su exigencia del cambio de rumbo, porque nunca tener mayor calidad democrática ha perjudicado a la izquierda.
El Gobierno no puede aguantar sin convocar elecciones mucho tiempo, será en ese momento cuando la sociedad española abrirá un nuevo periodo para España y para el PSOE, que deberá estar preparado.