Cinco frases que la gente de clase media alta dice sin notar lo privilegiadas que suenan
Los humanos nos comparamos constantemente. Es una realidad que influye en nuestra forma de ser, en cómo nos comportamos con los demás e incluso en la manera en la que pensamos y construimos nuestra personalidad. Aunque a menudo se repite que compararse no es sano, lo cierto es que este mecanismo está presente en nuestro día a día, muchas veces de forma inconsciente.
Estas comparaciones no solo se dan a nivel personal, sino también entre clases sociales. La posición económica desde la que vivimos condiciona nuestras prioridades, nuestras preocupaciones y, sobre todo, nuestro lenguaje. Hay frases que para algunos suenan normales, pero que, dichas desde una situación de estabilidad o comodidad, pueden resultar desconectadas o incluso chocantes para quienes viven una realidad distinta. A continuación, algunas de las más habituales, según Global English Editing.
«No entiendo por qué no cambian a un trabajo mejor»
Plantear el cambio de empleo como una decisión sencilla suele ignorar factores como la precariedad laboral, la falta de oportunidades, la formación disponible o las responsabilidades personales que limitan esa elección.
«El dinero no lo es todo»
Aunque la felicidad no se pueda comprar, esta frase suele venir de quienes no tienen que preocuparse por llegar a fin de mes. Para muchas personas, el dinero sí marca la diferencia entre la tranquilidad y la angustia constante.
«Todos tenemos las mismas 24 horas»
Sobre el papel es cierto, pero no todas las horas pesan igual. No es lo mismo disponer de tiempo libre y recursos que encadenar varios trabajos, cuidar de familiares o vivir con la presión económica diaria.
«Siempre viajamos en vacaciones, aunque sea unos días»
Hablar de viajes como algo rutinario puede parecer inofensivo, pero para una gran parte de la población las vacaciones son un lujo ocasional o directamente inexistente.
«¿Por qué no pagas a alguien para que se encargue de eso?»
Externalizar tareas domésticas, cuidados o gestiones implica un margen económico que no todo el mundo tiene. Esta sugerencia suele dar por hecho una capacidad económica que no es universal.
Estas frases no siempre se dicen con mala intención, pero reflejan cómo el contexto social influye en nuestra forma de expresarnos. Ser conscientes de ello puede ayudar a reducir la distancia entre realidades distintas y a comunicarnos con mayor empatía.