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Trump cumple un año y apuesta por América Latina

Donald J. Trump cumple un año en la Casa Blanca. El magnate presidente mantiene su visión y propósito de «América primero», alimentando la polarización doméstica y abonando al contexto de un nuevo orden mundial en pugna con Rusia y China.

En lo económico, a pesar de que el liberalismo lo condena, la imposición de aranceles a competidores comerciales y el proteccionismo han sido su punta de lanza. Sin embargo, el argumento que justifica la confrontación comercial con socios naturales y rivales históricos responde nuevamente al «América primero». Para ello ha venido empleando una regla clásica en el arte de negociar: máxima fuerza y máxima presión, advirtiendo sobre el peor escenario.

De cara a Iberoamérica, los temas se resumen en seguridad (narcotráfico), migración y comercio. Dentro de ese triángulo se entremezclan lo pragmático y, en menor medida, lo ideológico. Ciertamente, se apalanca en afines como Javier Milei, de Argentina; el expresidente brasileño Bolsonaro; y el recién electo Tito Asfura, de Honduras. Adicionalmente, su relación con Nayib Bukele se ha consolidado en el marco del tema migratorio. Punto aparte es la actual coyuntura en Venezuela y, en este caso, la crisis le ha impuesto una agenda pragmática, centrada en el petróleo y alejada de retazos ideológicos.

Marco Rubio ha sido clave para convencer a Trump de mirar hacia América Latina. Hoy, cuando tanto se habla del «nuevo orden mundial», Trump necesita reequilibrar y recuperar espacio. El «socialismo del siglo XXI» le abrió las puertas de par en par a China durante dos décadas. La deuda del continente con el gigante asiático supera los 100 mil millones de euros. Eso le ha permitido plantar bandera en la región y conquistar espacios de influencia dentro del hemisferio. Hoy, la Casa Blanca tiene clara la prioridad de desplazar al régimen de Pekín de su propio terreno.

Luego de un año, Trump no sorprende en términos de estilo. Sigue encarnando el mismo liderazgo confrontativo. Su arena preferida es la mediática; la batalla que más parece disfrutar, la de la opinión pública. Los tres años por delante serán, probablemente, testigos de las mismas tácticas, con el propósito de recolocar a Estados Unidos en el centro del debate mundial. Y, en ese contexto, Trump también representa una oportunidad para América Latina en el anhelo de volver a identificarse con los valores occidentales que le son propios.

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