Por qué se recomienda usar una cucharada de sal en las lavadoras y para qué sirve
Abrir la lavadora y descubrir que una prenda blanca ha quedado teñida de rosa o gris es una experiencia habitual en muchos hogares. A pesar de clasificar la ropa y seguir las instrucciones básicas, los colores, sobre todo en prendas nuevas, pueden terminar por desteñir. Es por ello que desde hace años circula un consejo doméstico que ha pasado de generación en generación y que hoy vuelve a ganar popularidad: añadir una pequeña cantidad de sal al lavado.
La recomendación de usar una cucharada de sal no es una superstición sin fundamento. La sal común, el cloruro sódico que se utiliza en la cocina, tiene un papel conocido en la industria textil. Desde hace décadas se emplea en procesos de teñido para ayudar a que los colorantes se fijen mejor a las fibras, especialmente en tejidos naturales como el algodón o el lino.
Cuando se traslada este principio al lavado doméstico, el objetivo no es teñir la ropa, sino reducir la migración del color. Durante los primeros lavados, muchas prendas liberan parte del tinte que no ha quedado completamente fijado en la fabricación. Ese color se disuelve en el agua y puede adherirse a otras telas, en especial las blancas o muy claras.
Qué ocurre dentro de la lavadora al añadir sal
Durante el ciclo de lavado, la sal se disuelve en el agua y se separa en iones de sodio y cloruro. Estas partículas influyen en el comportamiento de algunos colorantes textiles, haciendo que permanezcan con mayor facilidad en la fibra original y reduciendo su dispersión en el agua.
En términos prácticos, la sal actúa como un moderador del tinte: no elimina el problema del desteñido, pero puede disminuir su intensidad. Este efecto es más apreciable en cargas mixtas donde se combinan prendas nuevas y de colores intensos con ropa clara, una situación frecuente cuando no es posible separar completamente la colada.
Además, la presencia de sal puede modificar ligeramente las propiedades del agua, lo que influye en la interacción entre el detergente, las fibras y los colorantes. En aguas duras, donde hay mayor concentración de minerales, este pequeño cambio puede contribuir a que los tintes se liberen en menor medida.
El uso de sal en la lavadora puede ser especialmente interesante en los primeros lavados de prendas nuevas de colores fuertes, como rojos, azules oscuros o negros. Son estos tejidos los que más tienden a perder color inicialmente. También puede ayudar en coladas mixtas puntuales, cuando no es posible separar completamente blancos y colores.
Sin embargo, su efecto es limitado en tejidos sintéticos o en prendas de baja calidad cuyo tinte es inestable. Tampoco corrige un desteñido ya producido: la sal puede prevenir en parte, pero no revertir el daño.
Cómo utilizar la sal de forma adecuada
La clave está en la cantidad. Basta con una cucharadita, o como máximo una cucharada, de sal fina de mesa. Se recomienda añadirla directamente al tambor, antes de introducir la ropa, para que se disuelva de manera uniforme durante el lavado. A continuación, se utiliza el detergente habitual y el programa normal.
No es aconsejable repetir este método en cada lavado ni usar grandes cantidades. Un exceso de sal no aporta beneficios adicionales y puede suponer una carga innecesaria para la lavadora y el medio ambiente.
Conviene tener claras sus limitaciones. La sal no sustituye la clasificación de la ropa por colores, ni reemplaza a un detergente adecuado. Tampoco evita por completo el desteñido en todos los casos. Prendas muy delicadas o con tintes mal fijados pueden seguir perdiendo color, incluso con sal.
Usada con moderación, tampoco suele causar daños en la lavadora, pero el uso frecuente o en grandes cantidades puede acelerar el desgaste de juntas y componentes metálicos.
Añadir una cucharada de sal al lavado puede ser un recurso útil para reducir el riesgo de sorpresas desagradables, pero debe entenderse como un complemento dentro de una rutina de lavado responsable. Separar la ropa, respetar las temperaturas y seguir las indicaciones del fabricante siguen siendo las medidas más eficaces.
Este pequeño gesto, de bajo coste y fácil aplicación, no garantiza resultados perfectos, pero puede ayudar a prolongar el buen aspecto de las prendas y a reducir la frecuencia con la que la ropa clara queda accidentalmente teñida.