Oporto en clave de San Valentín
Oporto no necesita premios para demostrar lo que es, pero el mundo insiste en concedérselos. El pasado noviembre, volvieron a elegirla como Mejor Destino Urbano de Europa en los World Travel Awards. Un reconocimiento que se siente con solo pasear por sus calles, y es que, a orillas del Duero, la ciudad despliega una belleza serena, diversa y profundamente acogedora, especialmente cuando febrero invita a viajar sin prisa y en compañía.
Con el 14 de febrero asomándose en el calendario, Oporto se vuelve más tentadora que nunca. Su evidente romanticismo no es impostado ni explícito, se descubre en los detalles: en la luz dorada que cae al atardecer desde el Jardim do Morro, en el traqueteo pausado y nostálgico de los tranvías amarillos, en las estrechas calles empedradas de la Ribeira. Es una ciudad que acompaña, que envuelve, que se disfruta, más si cabe, a dos.
Un recorrido para dos
La ruta puede comenzar en la Praça da Liberdade, un punto de encuentro natural desde el que la urbe se abre con elegancia. La estatua ecuestre de Pedro IV preside el espacio y conduce hacia la Avenida dos Aliados, donde la arquitectura neoclásica y art déco dialoga con hoteles señoriales y boutiques discretas. Es un paseo perfecto para dejarse llevar y compartir el desayuno en lugares con tanta solera como el café Guarany.
A pocos pasos, la Torre de los Clérigos se alza como uno de sus grandes esenciales. Subir sus escaleras tiene recompensa: una panorámica que permite ver a Oporto con otros ojos, una postal con la que es difícil no emocionarse, especialmente si es en compañía. Muy cerca, la catedral sorprende por el contraste entre su exterior sobrio de estilo románico y la delicadeza de su claustro gótico.
La librería Lello, más allá de su fama, puede convertirse en una parada especialmente evocadora para los amantes de los libros. Entre estanterías de madera, escaleras curvas y vidrieras de colores, el tiempo aquí parece detenerse, creando un paréntesis íntimo en pleno centro histórico. La escena se completa en la estación de São Bento, donde los más de 20.000 azulejos narran episodios de la historia portuguesa y convierten la espera en una experiencia artística.
Y si se pone el acento en el plano artístico, imposible olvidarse de la Rua Miguel Bombarda, que revela la faceta más creativa y contemporánea de Oporto. Galerías de arte, estudios de diseño y pequeñas tiendas hacen del paseo un descubrimiento constante. Y una curiosidad, en la esquina con la Rua de Diogo Brandão, un mural dedicado a Don Quijote y Sancho —obra de Mesk, Mots y Fedor— añade una nota inesperada y casi literaria al recorrido.
Para quienes buscan alejarse del bullicio, Oporto ofrece otros escenarios donde el romanticismo se expresa de forma más silenciosa. En la desembocadura del Duero, el Faro de Felgueiras regala uno de los atardeceres más especiales de la ciudad. Allí, el río se encuentra con el Atlántico entre el sonido de las olas y la brisa marina, creando un momento perfecto para detenerse, mirar y compartir.
Entre bodegas, cruceros y jardines
Más allá de los paseos por el centro, Oporto ofrece experiencias que transforman un viaje en pareja en algo inolvidable. Una de las opciones más sugerentes es cruzar el Duero hacia Vila Nova de Gaia, donde las bodegas de vino de Oporto se alinean frente al río, ofreciendo degustaciones y paseos entre barricas centenarias. La visita, además de ser un recorrido por la historia vinícola, permite disfrutar de las vistas de la ciudad desde un ángulo diferente, con el sol reflejándose sobre las aguas y los tejados de color terracota.
Otra alternativa romántica es embarcarse en un crucero al atardecer por el Duero. Mientras la ciudad se va tiñendo de tonos dorados, los puentes y fachadas se deslizan suavemente ante la mirada de quienes comparten el momento. El silencio del río, interrumpido solo por el suave chapoteo del agua, envuelve el momento de una calma absoluta.
Si se prefiere permanecer en tierra firme, los jardines del Palacio de Cristal ofrecen senderos tranquilos, miradores y rincones escondidos donde detenerse a contemplar la ciudad, abrazar la brisa y escuchar el murmullo del río a lo lejos.
Oporto no es de grandes gestos, pero aquí, lo cotidiano se vuelve extraordinario. Se convierte, sin duda alguna, en un refugio ideal para San Valentín, donde se celebra que el mejor viaje no es el que marca el mapa, sino el que se hace mano a mano, descubriendo que, a veces, la eternidad cabe en un paseo junto al Duero.