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La derecha rebelde que quiere cambiar el mundo: instrucciones de uso

No es una pregunta sencilla: ¿qué figura cultural representa mejor el actual momento de Estados Unidos? En la recta final de su nuevo libro, Kevin D. Roberts escoge al artista country Johnny Cash, cuyo discurso musical estaba agotado en los años ochenta, pero que resurgió con fuerza renovada en la década posterior. Lo logró gracias a la ayuda del productor Rick Rubin, figura clave en la explosión comercial del hip-hop. Dentro de la industria country de Nashville nadie creía en Cash, igual que dentro del Partido Republicano menospreciaban a Donald Trump. «Quienes más tenían que ganar con la revitalización de la música country fueron los últimos en darse cuenta porque provenía de un lugar inesperado», señala. Lo mismo pasó con el conservadurismo el movimiento MAGA (Make America Great Again).

Roberts destaca luego la fuerza de los veinteañeros actuales, la generación más a la derecha de la historia reciente de Estados Unidos. «En lugares sorprendentes de nuestra propia Cultura, en especial entre los jóvenes, existe un verdadero anhelo de familia y amistad, un odio hacia el sexo sin sentido y la pornografía, un interés por el trabajo manual, un rechazo al hiperindividualismo y al consumismo, y un gran anhelo por lo sagrado. Buscan lo real y lo verdadero. Y es posible que ellos (y nosotros) no sepamos bien dónde lo acabarán encontrando», resume. Durante demasiados años, los conservadores fueron quejicas profesionales que miraban alrededor y solamente veían decadencia y corrupción. El trumpismo cambió el juego para inyectar nueva savia a la tradición de Estados Unidos.

El renacer de la derecha

Hay una metáfora que atraviesa todo el texto de «Un tiempo nuevo. El renacer de la derecha» (CEU ediciones): la del fuego purificador, una imagen también muy presente en el repertorio de Johnny Cash. Para explicarla, Roberts recurre a una frase del compositor Gustav Malher, que es citada hace años por toda la nueva derecha de Occidente: «La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la transmisión del fuego». Luego añade una estrategia que resultará familiar a la gente de campo: «Los bosques, especialmente en Norteamérica, necesitan fuego para florecer. El fuego transforma la podredumbre y la madera muerta en suelo nuevo, despeja el terreno para que arraigue, deja entrar la luz del sol en el bosque y renueva la ecología forestal. Algunas especies dependen del fuego», recuerda.

Muchos movimientos del trumpismo pueden parecer incendiarios, pero se trata de quemar para controlar los daños. A la nueva derecha no le interesan las ideas vanguardistas, sino los ecosistemas donde cada institución valiosa es un árbol. El libro recuerda que el discurso de despedida de George Washington trató sobre preservar «el fuego sagrado de la libertad», aludiendo a las llamas que terminaron con el poder colonial británico. El legendario presidente recordó que la Revolución francesa se hizo contra Dios y contra la legalidad vigente, mientras que la Revolución Americana defendía «las leyes eternas del orden y del derecho, que el mismo Cielo ha decretado». Los franceses buscaban subvertir el juego político, los estadounidenses revitalizarlo, protegerlo desde la raíz.

Resulta crucial comprender que la Nueva Derecha de Estados Unidos no tiene miedo al conflicto, ni tampoco a deshacerse de las inercias del Partido Republicano, más centrado en los negocios que en las tradiciones nacionales. «Este libro divide: separa el trigo de la paja. Y es también abiertamente populista. El populismo no es el enemigo de las instituciones de Estados Unidos, sino solo otra palabra para designar el fuego que mantiene sano el bosque estadounidense. A veces puede descontrolarse, claro, pero también acaba con la madera muerta», insiste. A Roberts no le tiembla el pulso a la hora de nombrar espacios podridos, desde una universidad de Harvard entregada a formar élites globalistas antipatrióticas hasta un FBI que limita la libertad de sus compatriotas más de lo que la defiende.

¿Cuál es la mayor revelación del libro? La certeza de que Estados Unidos y China están condenados a ser feroces enemigos geopolíticos. «El Imperio chino se considera el centro del universo: el Reino Medio. El emperador chino, el Hijo del Cielo, tenía el mandato de llevar el orden cósmico (tian o Cielo) no solo a China, sino al mundo entero (tianxi, todo bajo el Cielo). La visión que los chinos tenían de sí mismos se apoyaba en se hegemonía en la economía mundial», recuerda. Aunque muchos lo ven como un país del Tercer Mundo venido arriba, en 1840 el PIB total de China era mayor que el de toda Europa. Sus relaciones diplomáticas y económicas, sin excepción, pasaban por el kowtow, un ritual basado en profundas y humillantes reverencias al emperador.

Objetivo: la desconexión de China

Que China abrazase el comunismo no mejora el panorama. «El Nuevo Movimiento Conservador busca la total destrucción de cualquier influencia china en el futuro de Estados Unidos, ya que un gran país no renuncia al estilo de vida que lo hace prosperar», destaca Roberts. El régimen de Pekín ha saqueado la propiedad intelectual de Estados Unidos a través de la obligación de crear empresas mixtas para entrar en su mercado. Sin prisa pero sin pausa, China aumenta su poderío militar. Ya fabrica el 40% de todos los buques que se venden en el mundo y tiene la mayor flota militar. Más que el ascenso de una potencia enemiga, Roberts lamenta que las élites de EE UU hayan cobrado cantidades fabulosas por consentir unos marcos comerciales con el país de Xi Jinping que arruinaron a la clase trabajadora estadounidense.

Roberts confiesa su temprana admiración por líderes conservadores como Pat Buchanan, en las antípodas del glamur de un Kennedy o un Obama. Sobre todo, le reconoce el valor de percibir que estamos ante un combate espiritual, un combate por el alma de Estados Unidos. Buchanan es un político que admira profundamente al estadounidense medio, ese que «aunque no lea a Adam Smith o Edmund Burke» defiende honra en su vida cotidiana el «Dios, Patria y familia», ideario de quienes define como «conservadores de corazón». Gente que se alista voluntaria para una guerra mundial y honra cada día los símbolos nacionales.

Para Roberts, el gran ídolo nacional es Davy Crockett, el explorador con gorro de piel de mapache que luchaba contra osos y era amigo de las tribus indias. Fue un héroe del folclore de la frontera de Los Apalaches, congresista por Tennesse y mártir de la batalla de El Álamo, donde el ejército mexicano aniquiló a los defensores de la independencia de Texas. La fórmula de Robertson es un retorno al heroísmo cotidiano: «¿Cuál es tu Álamo? ¿Por qué estás dispuesto a morir? Elige un lugar, elige unas personas, elige un proyecto y dedícate a ello en cuerpo y alma. Apuesta tu vida por ese pequeño pedazo del futuro de Estados Unidos. Reúne a todos los amigos que puedas para una causa y toma partido. Mantente firme». Así se conserva el fuego.

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