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Estos son las graves consecuencias de dejar la leche en la puerta de la nevera

Colocar la leche en la puerta del frigorífico es una costumbre muy extendida en los hogares, pero los expertos en seguridad alimentaria advierten de que este hábito puede tener consecuencias negativas para la conservación del producto y para la salud.

La puerta de la nevera es la zona que más cambios de temperatura sufre. Cada vez que se abre el frigorífico, el aire frío se escapa y entra aire más cálido del exterior, lo que provoca oscilaciones térmicas constantes. Este entorno resulta especialmente inadecuado para alimentos sensibles como la leche, que necesita mantenerse a una temperatura estable para conservarse en buen estado.

Uno de los principales riesgos es que la leche se estropee antes de la fecha de caducidad indicada en el envase. Las variaciones de temperatura favorecen la proliferación de bacterias, lo que acelera el deterioro del producto, altera su sabor y puede generar olores desagradables incluso cuando aparentemente aún está en buen estado.

Además, consumir leche mal conservada puede provocar problemas digestivos, como dolor abdominal, diarrea o vómitos, especialmente en personas con sistemas inmunitarios más sensibles, niños pequeños o personas mayores. Aunque la leche esté pasteurizada o sea de larga duración, una vez abierta requiere condiciones adecuadas de refrigeración.

Los especialistas recomiendan guardar la leche en las baldas interiores del frigorífico, preferiblemente en la parte trasera, donde la temperatura es más baja y constante. De este modo, se reduce el riesgo de contaminación bacteriana y se alarga su vida útil.

Cambiar un gesto tan cotidiano como el lugar donde se guarda la leche puede marcar la diferencia entre un alimento seguro y uno potencialmente perjudicial para la salud.

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