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El Rey destaca el respeto al Poder Judicial como la "condición esencial" para un buen sistema político

En un mensaje centrado en la ética, el servicio público y la dimensión europea del trabajo jurisdiccional, el Rey ha reclamado este martes “el respeto debido al Poder Judicial” como una “condición esencial para el buen funcionamiento de nuestro sistema político y constitucional”, durante la entrega de despachos a la LXXIV promoción de la Carrera Judicial celebrada en la Escuela Judicial en Barcelona.

Felpe VI ha felicitado a los nuevos jueces (y también a sus familias, preparadores, tribunales y al personal del centro) en un acto que, ha subrayado, no solo reconoce un logro personal tras años de preparación, sino que simboliza “continuidad y renovación” para el sistema. A su juicio, cada nueva promoción aporta “un nuevo caudal de energía” sin perder los rasgos que considera distintivos: “La vocación de servicio público y el compromiso con el Estado de Derecho”.

En presencia del ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, y la presidenta del CGPJ, el jefe del Estado ha puesto el foco desde el inicio en la responsabilidad práctica que asumen quienes ingresan en la Carrera Judicial. “Las decisiones que toméis afectarán a los derechos y libertades de los ciudadanos, a sus bienes y a la adecuada resolución de sus conflictos”, ha advertido, al describir la función judicial como una tarea decisiva para preservar el Estado social y democrático de Derecho.

El Rey ha vinculado esa responsabilidad a una idea clásica de justicia, citando al jurista romano Ulpiano y su definición como “la voluntad firme, constante y duradera de reconocer y otorgar a cada persona lo que le corresponde por derecho”. Con esa referencia, ha defendido el valor de la preparación técnica y, a la vez, la necesidad de no dar nunca por cerrado el aprendizaje: “Nunca dejéis de estudiar, de aprender, de alimentar la inquietud de ese humanista que debe ser todo juez”. En ese esfuerzo, ha señalado, los nuevos miembros de la carrera contarán con el apoyo del “Consejo” y de la propia Escuela Judicial, en alusión al Consejo General del Poder Judicial.

En uno de los pasajes centrales, Felipe VI ha enlazado el prestigio institucional con la conducta individual: los nuevos jueces, ha dicho, deben conducirse “bajo los más estrictos parámetros éticos” y ser “ejemplo constante de rectitud”. Y ha rematado la idea con una frase de carga política evidente: de esa rectitud depende “en gran medida” el respeto a la institución que encarnan, condición —ha insistido— esencial para el buen funcionamiento del sistema político y constitucional.

El discurso también ha subrayado que la judicatura española opera en varios niveles normativos. “Siendo jueces españoles, sois también jueces europeos”, ha afirmado, reclamando conocimiento y aplicación del Derecho de la Unión Europea como parte “esencial” del ordenamiento. A esa perspectiva ha añadido la dimensión internacional: ha recordado el papel interpretativo de los textos de derechos humanos al amparo del artículo 10.2 de la Constitución y ha citado expresamente instrumentos como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos —del que ha señalado que este año se conmemora el 50 aniversario de su entrada en vigor— y la Carta de las Naciones Unidas, además de otros tratados suscritos por España.

En el tramo final, el Rey ha optado por un tono más personal para anticipar la cara menos solemne del oficio: “Habrá días duros, decisiones difíciles; habrá renuncias personales y momentos de soledad”. Ha descrito como un reto permanente el equilibrio entre “la salvaguardia de vuestra independencia” y “la necesaria inserción en la sociedad”, dos exigencias que —ha reconocido— no siempre serán sencillas de armonizar.

Como cierre, ha apuntado a la recompensa profesional y cívica que, según ha dicho, aguarda “al cabo del camino”: la serenidad del deber cumplido, el reconocimiento de los ciudadanos y la satisfacción de contribuir, “con vuestra palabra y vuestra labor”, a sostener “el gran edificio, siempre inacabado, de nuestra convivencia”. Y ha terminado con una cita de Concepción Arenal: la razón —recordó— necesita siglos para “llegar a la justicia que el corazón comprende instantáneamente”, una llamada final a la sensibilidad y al sentido de responsabilidad en una función que, en sus palabras, “tanto nos jugamos como sociedad”.

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