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Ingenieros en Ucrania luchan por restaurar la electricidad

Las temperaturas han caído hasta los -26 grados en algunas regiones de Ucrania en los últimos días. El frío extremo agrava aún más la situación de una infraestructura energética ya gravemente dañada por los ataques aéreos rusos. Millones de ucranianos solo tienen acceso intermitente a la electricidad, y cientos de miles de residentes en la capital, Kiev, se encuentran sin calefacción.

En algunos hogares, la temperatura ronda los cero grados. Los electricistas locales trabajan a contrarreloj para reparar los daños, aunque reclaman con urgencia más ayuda de sus socios internacionales.

“El frío lo complica todo mucho más. Pero estamos dando el máximo para restablecer la electricidad en los hogares”, explica Orest, supervisor de turno en una central térmica, a LA RAZÓN. La nieve cubre el suelo en la zona dañada de la imponente estructura de varios niveles, a la que ahora le falta gran parte del techo.

Orest lleva más de 25 años trabajando en esta planta, que ha sufrido múltiples ataques con drones y misiles rusos, cuya intensidad se ha incrementado desde septiembre pasado. “Es duro ver cómo el fruto de años de esfuerzo desaparece en un instante”, relata con emoción este electricista experimentado, cuyo padre también trabajó en el sector, como muchos en su pequeña ciudad.

Recuerda con dolor como los ataques rusos dejan el equipo retorcido y carbonizado por los impactos, pese a los esfuerzos de las defensas antiaéreas locales. Las municiones para estas defensas llegan a Ucrania con retrasos y pausas, mientras Rusia apuesta por sumir al país en la oscuridad y el frío para forzar su rendición.

Mientras habla, grandes barriles llenos de leña arden para proporcionar algo de calor a los trabajadores en medio del gélido ambiente. En caso de ataque, Orest es quien permanece en el puesto para ejecutar los procedimientos necesarios y minimizar los daños en el equipo crítico. “Algunos equipos deben funcionar todo el tiempo. Hemos desarrollado nuestros propios métodos para garantizarlo, gracias a la experiencia acumulada resistiendo los ataques rusos”, explica.

En ocasiones, fragmentos de drones Shahed han pasado casi rozándolo, aterrizando a solo una docena de metros. “No podría mirar a los ojos a las familias si algo les pasara a otros compañeros”, afirma con voz serena.

Una vez finalizado el ataque, los trabajadores capacitados colaboran con los bomberos para extinguir los incendios, una tarea complicada por la gran cantidad de grasa derramada y el humo que convierte la escena en algo “apocalíptico”, según Orest.

Los ataques contra estas centrales térmicas han destruido o dañado más del 50 % de la capacidad de generación de DTEK, la mayor empresa privada del sector, que ha invertido más de 200 millones de euros en reparaciones.

La determinación de su personal no basta ante la escasez de equipo especializado —especialmente transformadores para transferir la electricidad producida—, que las plantas necesitan con urgencia, subraya Orest. “Es muy difícil encontrarlo en Ucrania después de años de guerra. Sin embargo, hay equipo en el extranjero que podría adaptarse e instalarse con relativa rapidez si las compañías o los gobiernos de nuestros socios nos lo entregan”, enfatiza, al tiempo que pide mayor presión internacional sobre Rusia para que detenga su agresión.

Las plantas de la era soviética son bien conocidas por los homólogos rusos de Orest, que ayudan a diseñar los ataques y a identificar los puntos más vulnerables. Cada bombardeo es distinto, ya que los rusos modifican su estrategia para maximizar el daño. Los trabajadores ucranianos hacen lo posible por proteger el equipo con barreras físicas, pero resulta imposible blindar por completo una estructura tan colosal contra misiles.

Los ataques han llevado el sistema energético al borde del colapso, admite la dirección de la empresa. El último, que rompió la tregua parcial nocturna entre el lunes y el martes, ha sido especialmente devastador.

“¿Cómo puede Rusia perpetrar estos crímenes de guerra contra objetivos civiles con tanta impunidad? Si el mundo permanece impasible hoy, Rusia se volverá más audaz mañana”, denunció el director ejecutivo de DTEK, Maxim Timchenko.

Más allá de las plantas dañadas, cientos de equipos de reparación trabajan para restablecer la red eléctrica y la infraestructura de calefacción, mientras las minas de carbón siguen operando a decenas de kilómetros del frente en el este.

Doce trabajadores murieron y 16 resultaron heridos en el ataque del domingo contra el autobús que los transportaba desde una mina de carbón en Dnipropetrovsk, donde se extrae el combustible para las centrales térmicas.

Pero ni el peligro ni el frío detienen a los ingenieros. “Somos una nación indestructible y restauraremos nuestra planta”, asegura Andrii, un joven electricista, de pie frente a un transformador carbonizado, con voz tranquila pero firme.

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