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Alarma por los “bio-drones” de Putin: palomas controladas para espiar y propagar enfermedades

Un experto ha expresado su preocupación por el desarrollo en Rusia de toda una serie de criaturas “ciborg” que pueden ser controladas a distancia, con el consiguiente riesgo potencial de propagación de enfermedades mortales.

La start-up tecnológica Neiry Group es la mente maestra detrás de esta tecnología de “lavado cerebral”, desarrollada para convertir palomas en “bio-drones” y para “aplicar portadores biológicos en situaciones en las que los drones mecánicos se enfrentan a limitaciones de alcance, peso u otras”.

Con electrodos implantados en el cráneo, un paquete de control de vuelo con paneles solares colocado en el lomo y una cámara sujeta al pecho, la empresa rusa afirma que puede manipular el vuelo de las aves mediante un mando o rutas de vuelo preprogramadas. Estos “bio-drones” presentan múltiples ventajas frente a los tradicionales de metal y hélices, gracias a su durabilidad, su increíble alcance y su capacidad para volar en zonas restringidas.

Y no se limita solo a palomas: también se han realizado pruebas con vacas y ratas, lo que hace temer a algunos que esto sea solo el comienzo. En declaraciones a Bloomberg, el director ejecutivo de Neiry, Alex Panov, explicó que los “bio-drones” podrían utilizarse para “inspeccionar infraestructuras o el medio ambiente, apoyar operaciones de búsqueda y rescate y llevar a cabo tareas de vigilancia”.

Temores en Occidente y posibles usos militares

Aunque Neiry ha dejado claro que no existen planes para usar palomas con fines militares, afirmando: “Hacemos todo lo posible para garantizar que nuestros bio-drones se utilicen exclusivamente con fines civiles, sin usos ocultos o secundarios”, el desarrollo ha generado profundas preocupaciones en Occidente.

Una investigación del medio ruso contrario a la guerra T-Invariant concluyó que la empresa habría recibido gran parte de sus casi 10 millones de libras en financiación de diversas fuentes vinculadas al Kremlin.

Rusia ya tiene antecedentes en este ámbito, al haber desplegado delfines entrenados en el mar Negro para proteger sus bases navales. Además, Neiry se ha asociado con otra empresa, NeuroFarming, en un dispositivo implantado en el cerebro de vacas para alterar la producción de leche, e incluso ha enviado ratas con alteraciones neuronales al espacio.

James Giordano, profesor emérito de neurología en la Universidad de Georgetown, advirtió que la capacidad de controlar directamente el vuelo de las aves podría tener un enorme impacto en la guerra futura. Según explicó, estos animales podrían ser infectados con virus o enfermedades y enviados a territorio enemigo.

“Estos bio-drones podrían utilizarse como portadores de armas bioquímicas para propagar enfermedades profundamente detrás de las líneas enemigas”, declaró a The Chosun Daily.

Mientras las tensiones globales aumentan tras el fin de un tratado nuclear entre Estados Unidos y Rusia, Panov ya planea ampliar el uso de esta tecnología a otras aves. “Para transportar más carga, planeamos usar cuervos; para vigilar instalaciones costeras, gaviotas; y para zonas marinas más amplias, albatros”, afirmó.

Las implicaciones éticas también generan alarma. Nita Farahany, bioeticista y profesora de Derecho en la Universidad de Duke, resumió la inquietud general: “Cada vez que usamos implantes neuronales para controlar y manejar como marionetas a cualquier especie, resulta inquietante. No deberíamos subyugarlas y tratarlas como productos en lugar de seres vivos”.

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