El peor final para la leyenda Lindsey Vonn, que competía en el Descenso “sin” rodillas: así ha sido su tremenda caída
Se hizo el silencio, y fue tremendo. Lindsey Vonn buscaba la proeza de una medalla en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina con 41 años y prácticamente sin rodillas. En la derecha tiene una prótesis de titanio. La izquierda se la rompió hace apenas una semana, el ligamento cruzado anterior, que es como el cinturón de seguridad, lo que da estabilidad a la articulación. Eso no la frenó.
En los entrenamientos, las sensaciones fueron buenas. ¿Tuvo influencia todo esto en lo que sucedió en durante la prueba de Descenso? Todo apunta a que sí, pero nunca se sabrá. Las caídas son parte del esquí, con o sin lesión, pero evidentemente la estadounidense estaba limitada. Vonn estaba preparada para su gran día. Resoplaba en la salida, golpeaba con los esquís contra la nieve... Y salió. Curva a la izquierda, salto; curva a la derecha, salto... Y su brazo que se engancha en la puerta, la hace girar en el aire y la manda directamente a la nieve, un buen revolcón, terrible. Apenas habían pasado 13 segundos.
En ese momento es cuando se hizo el silencio. A Vonn, una de las mayores leyendas de su deporte, fueron a atenderla rápidamente. Los gritos de la esquiadora se escuchaban, desgarradores. Algunas de las deportistas que ya habían terminado, entre ellas Breezy Johnson, que había sido la más rápida, oro en ese momento, incluso lloraban. Los médicos estuvieron con Lindsey mientras llegó el helicóptero para evacuarla, camino al hospital, para ver el alcance de la lesión. Entonces, el público estalló en un aplauso.
Vonn fue campeona olímpica en Descenso en Vancouver 2010, donde también logró el bronce en Supergigante. En Pyeongchang 2018, fue tercera en Descenso. Se había retirado justo después de esos Juegos, pero con 41 años, después de ponerse la prótesis en la rodilla derecha, decidió volver. Había competido en pruebas de la Copa del Mundo. Quería el final perfecto, pero fue un drama.