La Diputación de Zaragoza no cede ante Nautalia y sostiene el pliego que enciende al sector taurino
La Diputación de Zaragoza ha decidido no mover una coma, al menos por ahora. El presidente provincial, Juan Antonio Sánchez Quero, se mostró contrario a detener el procedimiento de adjudicación de la plaza de la Misericordia tras el recurso de reposición presentado por Nautalia. El mensaje, expresado en pleno a raíz de una petición de la diputada popular Mari Carmen Lázaro, fue inequívoco: el proceso continúa.
Sánchez Quero sostuvo que “el pliego se ajusta a la legalidad” y rechazó que el concurso se frene porque determinados empresarios —los únicos que, según el propio texto, pueden optar a la licitación— o representantes políticos “digan que está mal” y eso obligue a anularlo. La Diputación, además, asegura que ya ha dado respuesta al recurso planteado por la empresa.
El asunto no se reduce a una discrepancia administrativa. La reacción del sector ha sido especialmente dura, con un comunicado de ANOET que eleva el tono y apunta a la esencia del modelo: la patronal considera que el planteamiento se parece más a una puja que a una selección de proyecto. No es una matización menor cuando lo que está en juego es la gestión de una plaza con peso propio en el calendario.
La Diputación argumenta que el pliego“busca la excelencia”, pero ahí se abre el choque frontal. ANOET denuncia como “inaceptable” que se exijan a las empresas compromisos cerrados con toreros y ganaderías que actuarán en la feria y, además, que se pretenda fijar con tanta antelación la fecha exacta de cada comparecencia en febrero. En la práctica, advierten, ese corsé puede distorsionar la libre competencia y forzar acuerdos prematuros en un mercado que se mueve con más matices.
Otro de los puntos sensibles es el económico. La patronal insiste en que existen fórmulas de valoración distintas al canon al alza y sin límite que figura en el documento, una vía que —según ANOET— convierte estos concursos en “auténticas subastas”. El trasfondo es claro: si la adjudicación se inclina excesivamente hacia el precio, el proyecto cultural y la solidez del abono pueden quedar en segundo plano.
En clave taurina, la Misericordia no es un simple recinto municipal: es una expresión cultural con una afición exigente y una responsabilidad pública evidente. Por eso, cuando la administración se “enroca” y el sector se revuelve, el riesgo no es solo jurídico: es de modelo. Y en ese cruce de intereses, lo importante será que el resultado final no castigue al aficionado ni deteriore la feria que sostiene el pulso de Zaragoza cada temporada.