World News

El día en que ETA mató a Tomás y Valiente y llevó la barbarie a la universidad

Había pasado poco más de una semana del asesinato en San Sebastián del abogado y destacado dirigente socialista Fernando Múgica cuando ETA volvía a golpear, esta vez en Madrid. El objetivo elegido era el expresidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente, cuando se encontraba en su despacho de la Universidad Autónoma. Han pasado 30 años. La banda terrorista seguía con su estrategia de «socializar el sufrimiento» iniciada con el asesinato de Gregorio Ordóñez. Se trataba de transmitir a la sociedad que ningún sector, además de los uniformados, estaba al margen de su siniestra actividad.

Además, la elección de estas personalidades servía como elemento de presión al Gobierno de Felipe González para que se sentara a negociar de nuevo con los terroristas o que lo hiciera el que le pudiera seguir al frente del Ejecutivo ya que, al mes siguiente, José María Aznar ganaría las elecciones generales y se produjo el relevo en la Moncloa.

Quizás el que ordenó el crimen desde Francia, uno de los miembros de la «dirección», Juan Antonio Olarra Guridi, no hacía otra cosa que, ante el relevo político que ya se intuía y la llegada del Partido Popular, meter prisa a los socialistas y, de paso, dar un aviso a los que venían, que habían dejado clara su nula voluntad de negociar con los pistoleros.

El año 1996 estuvo marcado por una serie de acciones criminales de envergadura, como el secuestro del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, que provocó una reacción popular (Lazo Azul), al igual que ocurrió con el asesinato de Tomás y Valiente con el movimiento Manos Blancas, nacido en la Universidad Autónoma, en la que daba clase, y que fue secundado por cientos de miles de ciudadanos. Cuando ETA asesinó al concejal del PP Miguel Ángel Blanco, enrabietada por el rescate a cargo de la Guardia Civil del citado funcionario, aquel movimiento, que había prendido en la sociedad, estalló de nuevo.

Es verdad que a los terroristas les daba lo mismo, pero estaba claro, y el entorno de la banda así lo interiorizó, que había un antes y un después del atentado contra Tomás y Valiente.

Al ex presidente del Tribunal Constitucional le habían retirado la escolta policial al dejar su cargo. Estaba en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid cuando el pistolero etarra Jon Bienzobas Arreche, al que le apodaban «Karaka» (abreviatura del alias que le habían puesto en la herriko de Bilbao que frecuentaba, «Karakulo») entró sin ningún problema en las dependencias universitarias y accedió al despacho, donde le descerrajó tres tiros a bocajarro.

Iba a cara descubierta y, al huir, al cruzarse con alumnos y profesores, les amenazaba para que no le miraran a la cara. Claro que le miraron. En los momentos posteriores a un atentado, lo importante es aislar a los testigos presenciales para que, al hablar con unos y con otros, no mezclen los detalles de lo que han visto. Así lo hizo la Policía y, en un tiempo récord, se logró la identificación de Bienzobas, que formaba parte del «comando Madrid» tras pasar por otras células terroristas donde había cometido más asesinatos.

No sería detenidos hasta tres años después en Pau, Francia, tras haber participado en el robo de tres toneladas de dinamita en un almacén de la localidad de Plevin. En 2007, entregado por las autoridades galas, fue condenado a 30 años de prisión por la Audiencia Nacional.

En el momento de su asesinato, el catedrático hablaba por teléfono con Elías Díaz, profesor también en la Universidad Autónoma de Madrid, que pudo oír los disparos desde su despacho, situado a escasa distancia del de Tomás y Valiente. Unas semanas después, su amigo y compañero tuvo el siguiente y emotivo recuerdo de Francisco a propósito de la presentación del libro póstumo del fallecido: «Paco era un hombre de palabras, de libros, de reflexión, de razón, de acuerdo y de entendimiento. Todo esto es lo que han asesinado».

Francisco Tomás y Valiente, de 63 años y natural de Valencia, estaba casado y tenía cuatro hijos. Elegido miembro del Tribunal Constitucional en el año 1980 a propuesta del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y con el apoyo de Unión de Centro Democrático (UCD); en septiembre de 1983 fue reelegido por acuerdo del PSOE y Alianza Popular.

En abril de 2007, al sentenciarse al terrorista que asesinó a Tomás y Valiente, el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, aseguró que «la justicia llega tarde, pero llega». Recordó además las palabras del catedrático recogidas en un artículo póstumo: «Cada vez que ETA asesina a un hombre nos asesina un poco a cada uno de nosotros».

ETA, además de enmarcar el atentado en su estrategia general nacida de la ponencia «Oldartzen», tampoco perdonaba a Tomás y Valiente que se hubiera atrevido a cuestionar, en un artículo publicado en «El País» la utilización del término «preso político» para referirse a los reclusos terroristas: «El término de preso político debe quedar restringido para aquellos que expresan sus ideas diferentes a las del poder político antidemocrático que sufren y por las que son encarcelados. A nadie le ocurre tal cosa hoy en España. Extender esa calificación a los asesinos de ETA permitiría hacerlo de inmediato a los criminales de guerra nazis o a los autores materiales de las salvajes masacres estalinianas». Un artículo que quizás deberían leer ahora algunos políticos empeñados como están en blanquear el pasado sanguinario y cruel de la banda terrorista en nuestro país, como si la historia se pudiera cambiar.

Читайте на сайте