El fenómeno Booktoker o el nuevo auge del amor literario
Este 14 de febrero no solo se venderán rosas y cajas de bombones. También se venderán libros. Muchos libros. Y, en particular, novelas románticas. No es una intuición, es un fenómeno medible. Desde 2020, el auge de comunidades lectoras en TikTok, bajo la etiqueta #BookTok, ha disparado las ventas de ficción romántica y juvenil a nivel internacional. En ella millones de usuarios recomiendan novelas románticas, señalan sus escenas favoritas y advierten, entre risas, de los personajes “problemáticos” de los que inevitablemente se enamoraron. Aunque lo pueda parecer, no se trata de una burbuja adolescente, es uno de los fenómenos editoriales más sólidos de los últimos años.
En España, librerías y editoriales han confirmado una tendencia similar lo que ha conllevado a un aumento de sellos especializados, tiradas ampliadas y reediciones de clásicos que encuentran nuevas lectoras (y lectores). El romance no solo se vende, se reivindica. Y en plena semana de San Valentín, el calendario cultural parece haber querido subrayarlo, este viernes 13 de febrero se ha estrenado una nueva adaptación cinematográfica de “Cumbres borrascosas”, la novela de Emily Brontë publicada en 1847. Un recordatorio elegante de que el furor romántico no lo inventó TikTok.
Mucho antes de los “enemies to lovers” etiquetados como tal, ya existían Heathcliff y Catherine. Mucho antes de los debates sobre “red flags”, ya había lectores victorianos escandalizados por una historia de amor obsesiva, destructiva y emocionalmente extrema. La novela de Brontë fue recibida con escándalo en su época. La crítica victoriana la consideró excesiva, violenta y moralmente incómoda. Hoy, muchos de esos mismos elementos son los que impulsan el éxito de determinadas corrientes románticas contemporáneas como la intensidad emocional, el conflicto o los personajes moralmente ambiguos. La diferencia es que ahora el debate sucede en comentarios, vídeos y foros digitales.
Si Heathcliff viviera hoy, probablemente acumularía millones de visualizaciones acompañadas de advertencias irónicas como, “no te enamores de este hombre”. Y, aun así, lo haríamos y más si es Jacob Elordi quien lo interpreta en la adaptación.
Del canon al fenómeno fan
El regreso de "Cumbres borrascosas" a los cines también ilustra otro aspecto interesante: la convivencia entre alta cultura y cultura popular. Durante mucho tiempo, el canon literario y el romance comercial parecían pertenecer a esferas distintas. Hoy, sin embargo, dialogan en el mismo espacio digital. En TikTok pueden convivir análisis comparativos entre Heathcliff y protagonistas contemporáneos con listas de “mejores enemigos que se enamoran”. La frontera entre crítica literaria y entusiasmo fan se vuelve más porosa.
TikTok ha transformado la prescripción literaria. Tradicionalmente, los grandes mediadores eran suplementos culturales, críticos y premios. Hoy, una lectora anónima puede impulsar las ventas globales de una novela grabándose en su habitación, y se puede entender en ejemplos como el de Colleen Hoover, con “Romper el círculo”, que experimentó un resurgir espectacular en ventas tras viralizarse en la plataforma. Pero, el auge no es solo anglosajón. En España, autoras como Alice Kellen o Mercedes Ron, cuya trilogía "Culpables" dio el salto al audiovisual y encontró en plataformas sociales un espacio de amplificación masiva, han consolidado una comunidad lectora muy activa en redes sociales.
La plataforma de videos ha servido como escaparate, pero también como comunidad. Las lectoras no solo recomiendan sino que también analizan, debaten sobre representación, consentimiento o construcción de personajes. Hay entusiasmo, pero también conciencia crítica. Y esto no se trataría solo de marketing. Diversos estudios académicos sobre comunidades lectoras digitales señalan que estas plataformas generan una experiencia compartida de lectura. Se crean comunidades afectivas en torno a libros concretos y se comentan teorías, se discuten finales o se celebran escenas, por eso la lectura deja de ser un acto solitario y se convierte en una conversación constante y acompañada.
Además, el género romántico ha evolucionado. Las protagonistas actuales suelen ser más autónomas, las relaciones se problematizan y se abordan cuestiones como el trauma o la desigualdad de poder con mayor complejidad que en etapas anteriores. El romance no es únicamente idealización, es también negociación emocional. De hecho, el debate forma parte del atractivo. En TikTok, cada escena polémica genera cientos de comentarios haciendo que la cultura digital convierta la lectura en foro público.
En los últimos años, además del romance contemporáneo, ha ganado terreno un subgénero híbrido que combina fantasía y trama amorosa lo que se conoce ya mundialmente como el “romantasy”. En este ámbito, sagas como Una corte de rosas y espinas de Sarah J. Maas o la serie Empíreo, iniciada con Alas de sangre de Rebecca Yarros, (ambos publicados por Planeta en España) se han convertido en fenómenos internacionales cautivando a miles de lectoras y acumulando millones de interacciones en todo el mundo.
Estas historias combinan estructuras propias de la épica fantástica como reinos en guerra, sistemas de poder, criaturas sobrenaturales, con una narrativa romántica central intensa. El resultado es una doble fidelización, por un lado la del lector que busca mundo imaginado y por otro, la del que busca vínculo emocional. Desde el punto de vista editorial, el atractivo es evidente ya que son sagas que generan comunidad, estimulan la conversación y fomentan la relectura. Desde el punto de vista sociológico, revelan que el lector contemporáneo no quiere elegir entre evasión y emoción, quiere ambas.
Durante décadas, la novela romántica fue relegada a una posición secundaria dentro del canon literario. Sin embargo, su peso comercial siempre fue significativo. Lo que ha cambiado es la visibilidad y la legitimidad cultural. Hoy, jóvenes lectoras recomiendan abiertamente sus novelas favoritas, defienden sus elecciones y argumentan por qué un personaje funciona narrativamente. Analizan tropos y discuten estructuras. Hay una sofisticación crítica creciente en comunidades que antes eran tratadas con condescendencia y todo esto gracias al auge de las redes sociales.
Al mismo tiempo, el mercado responde. Grandes grupos editoriales han reforzado colecciones especializadas, y editoriales independientes han apostado por autoras emergentes con fuerte presencia digital. El romance ya no es un nicho oculto, es una línea estratégica. El 14 de febrero sigue funcionando como ritual cultural. Librerías tematizadas, listas de “libros para enamorarse” y promociones especiales recuerdan que el amor continúa siendo un eje narrativo y económico importante.
Que Cumbres borrascosas regrese a la gran pantalla en vísperas de la fecha refuerza una idea sugerente: el amor literario no entiende de modas tecnológicas. Cambia el soporte, no la pulsión. Mientras en TikTok triunfan enemigos que acaban enamorados y jinetes de dragón con tensión romántica, el cine recupera una historia en la que el amor no redime, sino que arrasa. Heathcliff y Catherine no representan la pareja ideal, pero siguen fascinando y quizá ahí esté la clave, entender que el romance literario no promete estabilidad, promete intensidad. Y la intensidad, en cualquier siglo, genera conversación.
Este San Valentín convivirán páramos brumosos y reinos fantásticos, tragedias decimonónicas y finales felices contemporáneos. Cambian los hashtags, las portadas y los formatos porque el cambio es cada vez más rápido y notable, pero no por ello peor. El deseo de leer sobre el amor ya sea para entenderlo, discutirlo o simplemente sentirlo durante unas horas, permanece sorprendentemente intacto. Heathcliff no necesitó algoritmo para ser inolvidable, pero si lo hubiera tenido, probablemente también habría sido tendencia.