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Marco Rubio refuerza a Orbán y confirma el giro de Washington hacia los aliados euroescépticos

La escala de Marco Rubio en Budapest no fue una parada protocolaria más tras la Conferencia de Seguridad de Múnich. Fue un mensaje político. Apenas horas después de su intervención en la capital bávara, el secretario de Estado estadounidense eligió reunirse este lunes con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, en plena campaña electoral y en un momento en el que su partido, el Fidesz, pierde terreno en las encuestas.

La fotografía confirmó que la Administración Trump busca en el centro de Europa a sus interlocutores más afines. Rubio no escatimó elogios. “Puedo decirle con confianza que el presidente Trump está profundamente comprometido con su éxito, porque su éxito es nuestro éxito”, afirmó en una rueda de prensa junto a Orbán. La frase, pronunciada a menos de dos meses de las elecciones parlamentarias del 12 de abril, fue interpretada en Budapest pero también en toda Europa como un respaldo explícito al dirigente húngaro, que gobierna desde 2010 y afronta uno de los desafíos más serios de su carrera política.

Las encuestas sitúan por delante a la oposición, encabezada por el conservador y proeurope Partido Respeto y Libertad (Tisza) de Peter Magyar. Una eventual derrota abriría un escenario político incierto para Orbán, cuya relación con la Unión Europea ha estado marcada por los choques en torno al Estado de derecho y cuya política exterior ha mantenido una línea singularmente cercana al Kremlin. En ese contexto, el apoyo de Washington adquiere un valor tanto simbólico como estratégico.

Orbán habló de una “edad de oro” en las relaciones bilaterales y subrayó la sintonía personal con Donald Trump. Hungría ha logrado exenciones en el régimen de sanciones estadounidense que le permiten seguir importando petróleo ruso y avanzar en la ampliación de la central nuclear de Paks con tecnología rusa y para el primer ministro, esa relación directa con la Casa Blanca se traduce en un margen de maniobra frente a Bruselas. De hecho, la visita de Rubio tuvo una lectura energética. Washington presiona para que Budapest diversifique sus suministros y aumente la compra de gas natural licuado estadounidense, en un momento en el que Hungría depende en gran medida del gas ruso y ha sido uno de los gobiernos más reticentes dentro de la Unión a endurecer las sanciones contra Moscú, de ahí que la cooperación energética firmada en Budapest apunte a un intento de Estados Unidos por reconfigurar el mapa de dependencias en Europa central, aunque sin romper de manera inmediata los vínculos existentes con Rusia.

El viaje no comenzó en Hungría. Antes de llegar a Budapest, Rubio pasó por Bratislava, donde se reunió con el primer ministro eslovaco, Robert Fico, otro dirigente próximo a Trump y crítico con Bruselas. En ambos encuentros insistió en que Washington quiere convertir a Europa central en “un componente central” de su compromiso en el continente.

La elección de destinos fue interpretada en varias capitales como una señal de que la Casa Blanca prioriza a los gobiernos que comparten un escepticismo hacia la Unión Europea y su enfoque más pragmático hacia Moscú. En esta línea, que Rubio no parase en Berlín o París no pasó desapercibido, así como la decisión de no reunirse con representantes de la oposición húngara y aunque el partido Tisza saludó la visita y subrayó la importancia de la relación con Estados Unidos, la imagen dominante fue la de un respaldo claro al actual Ejecutivo. En el entorno de Orbán circulan incluso rumores sobre una posible visita de Trump a Budapest antes de los comicios, una hipótesis que, de confirmarse, tendría impacto en la campaña.

El movimiento de Rubio llega en un momento delicado para la relación transatlántica. En Múnich durante la Conferencia, el secretario de Estado había adoptado un tono menos confrontativo que el vicepresidente J.D. Vance el año anterior, pero dejó claro que Washington espera que los aliados europeos asuman un mayor peso en su propia defensa. Su gira por Europa central matiza ese mensaje: Estados Unidos no se retira del continente, pero reordena sus prioridades y apuesta por socios ideológicamente cercanos.

Para la Unión Europea, el gesto es incómodo. Hungría ha bloqueado o retrasado en varias ocasiones decisiones clave sobre Ucrania y sobre el régimen de sanciones a Rusia, por lo que un cambio de gobierno en Budapest alteraría ese equilibrio, mientras que la consolidación de Orbán con el respaldo estadounidense podría intensificar las tensiones internas dentro de la Unión.

La guerra en Ucrania atraviesa también este tablero. Orbán ha criticado repetidamente la estrategia de apoyo militar a Kiev y ha defendido un enfoque más centrado en la negociación. Washington, por su parte, ha reducido su implicación directa y busca fórmulas de reparto de cargas con los europeos. En ese contexto, la afinidad entre Budapest y Washington añade un elemento adicional a la discusión europea y la gira de Rubio confirma que la redefinición de la relación transatlántica se está traduciendo en decisiones concretas sobre interlocutores y prioridades lo que, en plena campaña electoral en Hungría, es un gesto que adquiere asimismo una dimensión interna evidente. Las elecciones del 12 de abril determinarán si Orbán mantiene el poder tras más de una década al frente del Ejecutivo. Mientras tanto, la visita a Budapest deja claro que Washington ha decidido implicarse, al menos simbólicamente, en el equilibrio político de Europa central.

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