Ginebra cierra sin acuerdo la tercera ronda entre Moscú y Kiev y mantiene bloqueada la cuestión territorial
La tercera ronda de negociaciones entre Rusia y Ucrania terminó este miércoles en Ginebra sin acuerdo y tras una segunda jornada que apenas duró dos horas. Un desenlace que retrata con claridad el momento del proceso: se habla de “progresos” pero nadie los concreta y la cuestión central, el control del territorio en el este de Ucrania, sigue bloqueada.
Bajo mediación estadounidense y con representantes europeos en segundo plano, el diálogo continúa abierto, aunque sin indicios de que Moscú y Kiev estén dispuestos a alterar sus posiciones en la cuestión que condiciona cualquier eventual alto el fuego. El encuentro, celebrado a puerta cerrada en un hotel de la ciudad suiza, cerró así dos días de conversaciones marcados por la cautela y por un lenguaje cuidadosamente medido. El jefe de la delegación ucraniana, Rustem Umérov, describió las discusiones como “intensas y sustanciales” pero subrayó que los detalles no pueden hacerse públicos por el momento. Según explicó, el siguiente paso consistirá en tratar de alcanzar el consenso necesario para elevar las propuestas elaboradas a los respectivos presidentes.
Desde la parte rusa, el asesor del Kremlin, Vladímir Medinski, habló de conversaciones “difíciles, pero profesionales” y anunció que habrá una nueva ronda “en un futuro próximo”, aunque sin fijar fecha. La coincidencia en el tono -prudente y ni reproches abiertos- refleja una realidad compartida: nadie quiere dar por fracasado el proceso, pero tampoco puede presentar resultados tangibles. En ese aspecto, el presidente ucraniano, Zelenski, adoptó una posición que combina escepticismo con un prudente optimismo. “En el ámbito militar hay avances técnicos” señaló, aunque matizó que en el plano político no se han registrado progresos comparables. La distinción es relevante: mientras los equipos parecen haber trabajado en aspectos técnicos vinculados a la vigilancia de una futura línea de separación, la discusión sobre soberanía y fronteras continúa en el aire.
El principal obstáculo sigue siendo la región del Donbás. Moscú mantiene su exigencia de que Ucrania ceda la totalidad de la región de Donetsk, incluida la parte que aún no controla militarmente y Kiev, al mismo tiempo, rechaza esa demanda y descarta un repliegue unilateral, al considerar que supondría aceptar de facto la anexión de territorio bajo presión militar. En ese punto, las posiciones no han variado respecto a las rondas anteriores.
A la cuestión territorial se suma el debate sobre las garantías de seguridad para la Ucrania de posguerra. Zelenski insiste en que cualquier acuerdo debe incluir compromisos firmes por parte de Estados Unidos que disuadan nuevas agresiones rusas y aporten estabilidad a largo plazo. Según el presidente ucraniano, Washington habría aceptado que un eventual acuerdo requiera el respaldo de la población ucraniana y desde Kiev se percibe asimismo una presión creciente para acelerar el proceso negociador. La continuidad de los combates añade complejidad al diálogo. En la noche entre ambas jornadas, Rusia lanzó más de un centenar de drones y una bala balística contra territorio ucraniano, según la Fuerza Aérea de Kiev. El día anterior, los ataques habían incluido casi 400 drones y varias decenas de misiles. Las infraestructuras energéticas volvieron a figurar entre los objetivos, en pleno invierno y esa persistencia de los bombardeos refuerza la impresión de que Moscú negocia sin reducir la presión militar sobre el terreno.
La brevedad de la segunda jornada alimentó especulaciones sobre la consistencia del proceso. Medios rusos apuntaron a que, tras el tramo formal con participación estadounidense, se habrían producido contactos adicionales entre las delegaciones rusa y ucraniana sin presencia de terceros aunque no hubo confirmación oficial sobre el contenido de esas conversaciones, lo que contribuye a la opacidad que rodea esta fase del diálogo. Estados Unidos estuvo representado por el enviado especial Steve Witkoff y por Jared Kushner, asesor cercano y yerno del presidente Donald Trump. Witkoff valoró el proceso en términos positivos y habló de “avances significativos”, aunque sin detallar su alcance. Lo que sí que acordaron ambas partes fue mantener informados a sus respectivos jefes de Estado y seguir trabajando en una posible convergencia, una fórmula diplomática que mantiene abierto el canal sin anticipar resultados.
En Ginebra también estuvieron presentes asesores de seguridad de varios países europeos, entre ellos Alemania y Reino Unido, que no participaron directamente en la mesa trilateral pero sí mantuvieron contactos con las delegaciones ucraniana y estadounidense. Para las capitales europeas, cualquier arreglo que afecte al estatus territorial de Ucrania tiene implicaciones directas para la arquitectura de seguridad del continente. En este aspecto, las dos rondas previas celebradas en Abu Dabi tampoco produjeron un resultado concreto y esta tercera cita confirma que el proceso sigue vivo, aunque sin un punto de inflexión visible.
Las partes coinciden en la necesidad de continuar negociando, pero el margen para un acuerdo sustancial sigue siendo estrecho mientras la cuestión territorial permanezca intacta y las garantías de seguridad no estén definidas. A pocos días del cuarto aniversario de la invasión rusa, el diálogo en Ginebra refleja un equilibrio frágil entre la voluntad declarada de avanzar y la persistencia de desacuerdos estructurales. Las delegaciones se volverán a reunir y por ahora, ese es el único compromiso firme sobre la mesa.