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Manuel Vilas: «La culpa es un motor de la existencia, si no te sientes culpable, es como si no hubieras vivido»

Manuel Vilas ha modelado una literatura personal que parte de lo íntimo. Lo suyo es literaturizar la vida, pasarla por el cedazo de las palabras para entender mejor sus vueltas y asir con mayor tiento sus aprendizajes. Vilas convierte así el día a día en materia prima, en el impulso de su obra.[[LINK:EXTERNO|||https://www.planetadelibros.com/libro-islandia/442375||| «Islandia»]] (Destino) proviene de esta propensión suya, y una ruptura sentimental que se ha prolongado once años no es solo una óptima oportunidad para mirarse en el espejo, sino también para echar una ojeada al pasado y, si es oportuno, al futuro. «He concebido este libro despojado de hipocresías y lugares cómodos», dice.

¿Qué sigue a la ruptura?

El miedo a quedarte solo. Es brutal. En estos momentos sociológicos, la gente lo quiere ocultar, pero las soledades no elegidas son uno de los grandes problemas a cierta edad; esa soledad no elegida por las decisiones que has tomado y que te han conducido a ella.

«Las emociones desbordan las palabras. Lo importante de la vida es inenarrable»

Manuel Vilas

Una ruptura inusual.

Especial, porque no hay egoísmos. En realidad, es una transformación del amor. Si hubiera sido un divorcio común, no lo habría escrito. Aquí el amor permanece y pasa de ser un amor de pareja a ser un amor de amistad. Eso no significa que no existan momentos de oscuridad y de debate interior, donde los cónyuges se piden cuentas. Pero si se llama «Islandia» es porque se produce la conquista de un país desconocido o exótico. Las parejas que rompen pueden ir a ese país, a la amistad, si tienen inteligencia emocional. Es una apuesta posible y se debe ir hacia ella. Aquí sucede después de mucho sufrimiento. Es la utopía que narro en la novela. Y es una utopía plausible.

«A veces pienso que una de las funciones de la literatura es ahorrarte el dinero del psiquiatra»

Manuel Vilas

«Ya no estoy enamorada de ti». Esa es la frase.

Lo primero que piensas es: «¿Qué hago ahora?». Al oír eso se generan dos tiempos: cuando ella sí estuvo enamorada y ahora, cuando ya no lo está. Lo importante es hacer una prospección de lo que viene y luego salvar la historia de amor previa. Esa declaración me permitió ver el tiempo, y el tiempo está hecho de psicología humana, de las emociones del corazón. No me gustaba la idea de perder ese pasado. Por eso escribí su memoria. El amor es el sentimiento más tremendo que tenemos en la vida.

¿Hay algo de orgullo en que te dejen?

El narrador no tiene orgullo. Solo está asombrado por la clarividencia de su mujer, que ya no está enamorada de él. En una relación consolidada, la mayor parte de las personas no saben si están o no enamoradas de su pareja. Tienen una convivencia valiosa y con eso siguen hacia adelante. Después de diez años, las pasiones descienden. Pero, a pesar de eso, la relación es valiosa: se quieren, están juntos, han creado algo poderoso. Sin embargo, ella considera que no está enamorada y no le importa que la relación sea valiosa, porque el enamoramiento no existe. Esto la gente no lo hace, y por eso él está obsesionado. Para él es como si hubiera tenido una revelación divina. La ve como una «mujer Quijote». Por eso se dibuja la personalidad de una mujer asombrosa.

«Las palabras del inicio de una relación se van desvaneciendo según evoluciona la pareja»

Manuel Vilas

¿La persona que hay detrás de una ruptura es diferente de la que empezó la relación?

Sales cambiado de una relación. Distinto. Con una enorme melancolía, sobre todo si esa historia de amor es la gran historia de tu vida y sabes que no va a haber una tercera.

¿El lenguaje evoluciona a lo largo de las relaciones?

En estas páginas hay un diccionario de palabras que ella decía y que se van desvaneciendo al evolucionar la relación. Los enamorados crean un léxico que a ellos les vale, y ese léxico desaparece hasta convertirse en una lengua muerta, como el latín y el griego. Se desvanecen con la evolución de la pareja. El narrador se da cuenta de las palabras que ya no dicen. La novela constata esa labor lingüística. Este libro está escrito desde el sentido poético de las palabras. Buscaba las palabras precisas, pero es imposible encontrarlas en ocasiones y tienes que construir una frase, porque las palabras no sirven. Tienes que acudir al pensamiento o a la frase. Las emociones desbordan las palabras. Lo importante que nos ocurre en la vida es inenarrable, igual que lo que nos constituye como seres humanos. Eso no se puede contar.

«Hay que acordarse de lo que has vivido. Acuérdate de lo que has vivido, porque eso es tu vida»

Manuel Vilas

¿Qué se hace con los recuerdos?

El que fundó la religión del pasado fue Proust. Todos los que tratamos de salvar el tiempo en un libro somos sacerdotes de la religión de Proust. Deseo salvar la vida. Hay que acordarse de lo que has vivido. Acuérdate de lo que has vivido, porque eso es tu vida. Si lees mis recuerdos es para que recuerdes los tuyos. Es la filosofía de esta literatura: el intento de salvación del tiempo. La literatura tiene esa dimensión humana que es muy especial. Lo que hizo Proust no es solo una historia: es una filosofía existencial.

¿No teme "romantizar" el desamor?

Sí, se idealiza. En la novela está. El amor elimina la objetividad por completo. Desaparece y aparece la belleza. El amor te conduce a momentos de plenitud. Es lo más intenso que existe.

¿Es posible el olvido?

Si extirpas por completo el desencanto, extirpas una parte de tu vida. El tiempo te serena. Esta obra está escrita en el momento de convulsión máxima, cuando el narrador cree que no va a salir adelante. El libro es una terapia; yo siempre escribo libros para ahorrarme psiquiatras. A veces pienso que una de las funciones de la literatura es ahorrarte el dinero del psiquiatra.

«La supervivencia es la derrota de la ideología. La ideología es una creencia de café; la supervivencia es una fuerza de la naturaleza»

Manuel Vilas

¿La culpabilidad?

El narrador se culpa de no haber sabido mantener la relación, de no haber trabajado por ella. Hace recuentos de culpas. La culpa es uno de los motores de la existencia. El judeocristianismo nos ha dejado la gasolina de la culpa. Es un motor de la existencia. Si no te sientes culpable es como si no hubieras vivido. Has vivido porque te has equivocado. Estas cosas son las que te culpabilizan. La culpa labra la existencia. Si no te sientes culpable es como vivir en el éter.

«Los pobres no tenemos ideología. Solo tenemos instinto de supervivencia».

Creo firmemente en esa frase. Somos supervivientes, gente que nos hemos ido apañando. La supervivencia es la derrota de la ideología. Es una fuerza biológica. La ideología es una creencia de café; la supervivencia es una fuerza de la naturaleza. Se lo lleva todo por delante. Es la derrota de la ideología. Las ideologías entristecen la vida y la supervivencia es el triunfo de la vida.

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