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Uno de cada tres euros está ya en la "sombra" en España

La banca tradicional ya no domina en solitario el sistema financiero. Las entidades no bancarias se han expandido rápidamente en los últimos años. Así, un fenómeno que hasta hace poco parecía marginal se ha convertido hoy en una pieza clave del engranaje financiero, con implicaciones directas para la estabilidad económica. Por este motivo, varias instituciones han mostrado su preocupación y ha lanzado una pregunta inevitable: ¿Estará la conocida como «banca» en la sombra detrás de la próxima crisis financiera?

Funcas ha sido una de las últimas en alertar de que «se está configurando una nueva geografía del riesgo financiero», que tiene que ver, precisamente, con el aumento del peso de los intermediario no bancarios (NBFI, por sus siglas en inglés). Si bien el «think tank» valora la diversificación y la facilidad del acceso a crédito para determinados sectores que han introducido estas entidades, también advierten de posibles riesgos para la estabilidad financiera . Y es que, en uno de sus últimos informes, señala que el 34% de los activos financieros corresponde a este tipo de entidades, entre las que se encuentran fondos de inversión y monetarios, aseguradoras, fondos de pensiones, sociedades financieras especializadas, vehículos de titulización y financiación estructurada, fondos de capital riesgo y crédito privado o «family office", entre otros.

Los activos financieros totales ascienden en España a cerca de seis billones de euros, según estadísticas del Banco de España, Inverco y CNMV. Por tanto, unos dos billones estarían bajo el paraguas de «sombra» cifra que está por encima del PIB nacional. Esta porción de la tarta financiera engloba a intermediarios que canalizan ahorro hacia inversión o conceden financiación sin estar sujetos a las mismas exigencias regulatorias que los bancos. No captan depósitos tradicionales, no cuentan con respaldo explícito de los sistemas de garantía y, en muchos casos, no están sometidos a los mismos requisitos de capital, liquidez o provisiones. De ahí, el riesgo.

El crecimiento de la «banca en la sombra» en España no es un fenómeno aislado. A escala mundial, estas entidades ya representan más de la mitad del sistema financiero, como reflejan los datos del Consejo de Estabilidad Financiera (Financial Stability Board – FSB). Según su último informe, las entidades no bancarias gestionan activos por valor de más de 239 billones de dólares (51% del total), tras experimentar un crecimiento del 9,4%, frente al 4,7% de los activos de la banca tradicional.

Pese a que el peso de la financiación alternativa en España todavía se encuentra por debajo del de las grandes potencias financieras, está claramente por encima de lo que se consideraría un fenómeno residual. Además, Funcas ha manifestado su preocupación por las vulnerabilidades en establecimientos financieros de crédito (EFC), que conceden préstamos al consumo, ya que han mostrado repuntes en morosidad. La presencia de fondos extranjeros también puede generar riesgos de contagio externo si optan por liquidar activos localmente para atender tensiones globales.

Vínculos estrechos

Por tanto, el principal problema no radica tanto en la existencia de estos intermediarios, sino en su tamaño y creciente interconexión con la banca. Y es que aunque operan fuera del radar bancario, estas entidades mantienen vínculos estrechos con las instituciones tradicionales, de manera que una crisis en la sombra puede afectar a todo el sistema. Las NBFI no están aisladas. Los bancos dependen de ellas para obtener liquidez y capital y viceversa. Así, por ejemplo, las empresas de gestión de activos financieros aportan financiación mediante depósitos y bonos. Los fondos de pensiones invierten los ahorros de jubilación en bonos y depósitos bancarios. Las compañías de seguros financian a bancos a través de productos de inversión asegurada, así como otras instituciones financieras, como «hedge funds» o vehículos de inversión especiales, que pueden comprar los bonos que emiten los bancos, proporcionando capital temporal a cambio de rendimiento. Algunos fondos de cobertura también participan en swaps de crédito, derivados de tasas de interés, actuando como un seguro financiero contra el impago de un emisor de deuda. De esta manera, aunque no ofrecen dinero directo, sí asumen parte del riesgo y liberan capital de los bancos, facilitando su capacidad de crédito. Por su parte, los bancos les proporcionan liquidez mediante líneas de crédito y operaciones de repo (acuerdos de recompra), instrumentos de inversión estructurados o productos de crédito puente.

Así, la exposición de los bancos a estos canales puede amplificar riesgos de liquidez y de mercado. Por ejemplo, una retirada masiva de fondos por parte de empresas de gestión de activos puede introducir tensiones, y reproducir crisis pasadas. «Aunque la situación actual no es idéntica a la crisis de 2008, existen paralelismos preocupantes, como un elevado apalancamiento en partes del sistema no bancario; la opacidad en algunos instrumentos y estructuras de inversión, y la dependencia de calificaciones crediticias privadas, especialmente en productos complejos. Factores que pueden ocultar riesgos de iliquidez o sobrevaloración y dificultar la supervisión», apuntan desde Funcas.

En la misma línea, se han pronunciado el Banco Central Europeo (BCE) y la Junta Europea de Riesgo Sistémico (JERS). En un informe conjunto titulado «Financial stability risks from linkages between banks and the non-bank financial intermediation sector» concluyen que los vínculos entre entidades de crédito y el sector de intermediarios financieros no bancarios son significativos y que, si bien actualmente no plantean riesgos graves para la estabilidad financiera, generan vulnerabilidades que podrían amplificar las tensiones en condiciones de mercado adversas. «Las vulnerabilidades están muy concentradas en un número reducido de grandes entidades de importancia sistémica mundial (EISM) de la zona del euro. La capacidad de asunción de riesgos de estas EISM es fundamental para absorber perturbaciones y evitar la amplificación de tensiones financieras», recoge el informe.

El crecimiento de estos intermediarios de financiación alternativa se explica especialmente por el avance del private credit: financiación directa a empresas por fondos y vehículos no bancarios, y el crédito apalancado (high yield y leveraged loans), deuda de alto rendimiento con mayor riesgo de impago.

Origen del fenómeno

La «banca en la sombra» no es un fenómeno nuevo. Sus raíces se remontan a mediados del siglo XX, cuando surgieron fondos de inversión y compañías de seguros que ofrecían servicios financieros fuera del perímetro regulatorio bancario. Sin embargo, el concepto de «shadow banking» se popularizado en la década de los 2000 por el economista estadounidense Paul McCulley, quien utilizó el término para describir un conjunto de mercados y entidades que realizaban funciones económicas similares a las de los bancos tradicionales, como conceder crédito y proporcionar liquidez, pero fuera del perímetro regulatorio bancario. La expresión captó la atención de académicos y reguladores porque permitía agrupar actividades interconectadas que, aunque no aparecían en los balances de la banca tradicional, podían generar riesgos sistémicos.

El concepto cobró especial relevancia tras la crisis financiera global de 2008. A raíz de la misma, los bancos quedaron sometidos a normas mucho más exigentes en materia de capital, liquidez y control del riesgo. Por este motivo, parte de la actividad financiera se desplazó hacia entidades menos reguladas. Además, el entorno prolongado de tipos de interés cercanos a cero empujó a inversores institucionales a buscar rentabilidad fuera del sistema bancario tradicional, favoreciendo el crecimiento de fondos y productos alternativos. Desde entonces, empresas e inversores han recurrido cada vez más a fuentes de financiación alternativas, como el crédito privado o los mercados de capitales, reduciendo su dependencia del crédito bancario clásico. Estas entidades suelen ofrecer productos más flexibles, adaptados a nichos concretos del mercado, algo que resulta más difícil dentro del marco regulatorio bancario.

Riesgos y medidas

Muchas instituciones no bancarias no disponen de capital suficiente para absorber pérdidas significativas en situaciones de estrés financiero. Algunos fondos ofrecen liquidez diaria a los inversores mientras invierten en activos difíciles de vender rápidamente. En un episodio de salidas masivas, el riesgo de contagio es elevado.

Para mejorar la resiliencia del sistema, Funcas propone varias medidas: mejorar la medición y supervisión de apalancamiento y liquidez en entidades no bancarias; desarrollar pruebas de estrés integradas, que contemplen interacciones entre bancos y NBFI; aumentar la transparencia y exigencias de información, especialmente en fondos de crédito privado y alternativos; fortalecer la coordinación regulatoria global para reducir arbitrajes entre jurisdicciones; y tener en cuenta la innovación financiera (Fintech, cripto, DeFi) en los marcos de supervisión.

En definitiva, la banca en la sombra cumple funciones útiles, como la ampliación de las fuentes de financiación y complemento a la banca tradicional. Sin embargo, sus riesgos sistémicos no deben ignorarse. La interconexión con bancos y la complejidad de las estructuras requieren vigilancia para evitar que un episodio de estrés se convierta en una nueva crisis financiera.

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