España debe pujar fuerte por el BCE
Amanda Lear, de la que no se sabe, porque ella fomentó la confusión, si nació en 1939 o en 1946, y que fue una protegida, y quizá algo más, aunque tampoco está claro, de Salvador Dalí (1904-1989), decía: «Odio difundir los rumores, pero ¿qué otra cosa se puede hacer con ellos?».
Cantante, modelo, pintora, actriz, letrista, presentadora de televisión y escritora francesa de ascendencia vietnamita, nacida en la capital del país, Ho Chi Minh, casi siempre ha vivido en el filo de un rumor.
El diario Financial Times, considerado la biblia de la información económico-financiera en Europa, publicó el miércoles que Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), dejará su puesto antes de que finalice su mandato de ocho años, que expira en octubre de 2027.
La información, más que un rumor, cita como fuente a una persona «familiarizada» con lo que piensa la banquera central. Ni ella ni el BCE han realizado ninguna declaración ni emitido ningún comunicado oficial.
Desde la institución solo trascendió que la presidenta no ha tomado ninguna decisión en ese sentido. Suficiente para que se dispararan los rumores. Casualidad o no, un día antes, Carlos Cuerpo, ministro de Economía, afirmaba que España quiere jugar un papel destacado en el nuevo futuro Consejo del BCE. El Financial Times, horas después de avanzar las teóricas intenciones de Lagarde, titulaba: «España, primera en entrar en la carrera por la sucesión en el BCE». Casi al mismo tiempo, un portavoz del canciller alemán Friedrich Merz sugirió que, en teoría, Alemania podría presentar una candidatura, aunque reconocía la dificultad para lograrlo.
La batalla por la sucesión de Lagarde al frente del BCE ha empezado y tiene muchos frentes abiertos. España, por primera vez desde que existe la institución, tiene posibilidades de colocar a alguien en la presidencia. No es sencillo ni será fácil, pero las opciones están encima de la mesa.
El propio Financial Times habla de dos candidatos: Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual director gerente del Banco de Pagos Internacionales de Basilea (BIS, por sus siglas en inglés); también apunta a otro aspirante, el holandés Klaas Knot.
Los vericuetos de la gobernanza europea son enrevesados, pero España, en este caso el Gobierno de Pedro Sánchez, debería dar la batalla a favor del único aspirante español con posibilidades. Quizá no sea su candidato ideal, pero no hay otro con opciones reales y podría apuntarse un tanto en caso de éxito.
Por otra parte, también sería conveniente un cierre de filas español —que incluya a la oposición de Feijóo y a los aliados del Gobierno— alrededor de esa misma figura. La batalla, que será larga y difícil, ha comenzado y España está obligada a concentrar los esfuerzos en un objetivo que nunca ha sido tan factible como ahora.
La posible salida adelantada de Lagarde del BCE se enmarca en el complicado escenario político europeo. En Francia, el presidente Macron acaba su mandato a mediados de 2027, justo cuando vence el del presidente —no ejecutivo, pero influyente— alemán, Frank-Walter Steinmeier.
Marine Le Pen, o si ella no puede por impedimento legal, su delfín Jordan Bardella, pueden ganar las presidenciales francesas de la primavera de 2027. Han moderado su antieuropeísmo y ya no plantean abandonar el euro, pero no son fans de la Unión Europea y tampoco son entusiastas de la independencia del BCE.
Todo coincide: hace unos días, el gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, anunció que dejaría su puesto un año antes de que venza su mandato para presidir la fundación Apprentis d’Auteuil, dedicada a la infancia y a los jóvenes con problemas.
Significa que Macron, y no quien ocupe la presidencia francesa en 2027, elegirá al nuevo gobernador del Banco de Francia, con puesto también en el Consejo del BCE. Una renuncia efectiva de Lagarde también permitiría que los actuales líderes de la UE nombren a quien le sustituya —¡para ocho años!— al frente del BCE.
Si Le Pen o Bardella llegan a la presidencia en 2027, ya no podrían influir en ese nombramiento. Hay rumores de todo tipo, incluido el fantasioso, en teoría, de que Ursula von der Leyen relevaría al actual presidente alemán y que Lagarde ocuparía su puesto al frente de la Comisión Europea.
También hay candidatos alemanes y franceses, con los italianos de Meloni en retaguardia, para presidir el BCE. España, que nunca ha tenido una presidencia de relevancia en una institución europea y quizá le toca. Por eso tiene una verdadera oportunidad con Hernández de Cos y, aunque no es fácil, debería poner todos los esfuerzos en lograrlo, más allá de los rumores, dijera lo que dijera Amanda Lear.