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La guerra entre Pakistán y Afganistán eleva la temperatura regional en plena crisis de Irán

La guerra abierta entre Pakistán y Afganistán amenaza con elevar aún más la temperatura en la región en plena crisis iraní, con la posibilidad de una intervención militar estadounidense contra la República Islámica ganando enteros con el paso de las horas. La tensión entre ambos países de Asia Central no ha dejado de aumentar desde el pasado otoño y, después de semanas de fuego cruzado a un lado y otro de la frontera, la escalada de los últimos días -ahora convertida en un conflicto de alcance impredecible- deja claro que la tregua alcanzada en octubre después de una semana de violencia fue un cierre en falso de la crisis bilateral.

Islamabad está convencido de que los líderes del fundamentalista Movimiento de los Talibanes Pakistaníes -también conocido como Tehrik-e-Talibán Pakistán (TTP)- y gran parte de sus combatientes tienen su base en Afganistán, y que los insurgentes armados que pretenden la independencia de la provincia de Baluchistán, en el suroeste de Pakistán, también utilizan el Afganistán talibán como refugio.

Los ataques del TTP y los insurgentes baluchis -a la cabeza el Ejército de Liberación de Baluchistán- han experimentado un aumento desde 2022, según Armed Conflict Location & Event Data. Según el experto en temas de seguridad en el Centro y el Sur de Asia Sami Omari aseguraba a la cadena catarí Al Jazeera, desde 2021, año del regreso de los talibanes a Kabul y la atropellada salida de las fuerzas de la OTAN, se han producido episodios de violencia entre los ejércitos de Pakistán y Afganistán en un total de 75 ocasiones.

En un país donde, según datos del PNUD y la Universidad de Oxford, casi el 65% de sus habitantes, esto es, unos 26 millones de personas, vive en condiciones de pobreza multidimensional, una guerra abierta puede provocar nuevos desplazamientos de población en Afganistá tanto internos -las ciudades de Kabul y Kandahar fueron bombardeadas en la madrugada de este viernes- como hacia países vecinos como Irán o el propio Pakistán.

La guerra coincide con el regreso masivo de afganos – solo desde comienzos de año se estima que volvieron a su país unos 150.000 individuos- desde Pakistán, muchos de ellos deportados de manera forzosa. Se estima que, en plena escalada política y militar entre los dos países, casi un millón de afganos regresaron su país desde su vecino del sur a lo largo de 2025. La guerra agravará la ya precaria situación de los dos millones de afganos que permanecen en suelo pakistaní. Por otra parte, el debilitamiento de las fuerzas talibanes en zonas como Nangarhar y Paktiká puede beneficiar a la rama local del Daesh, el Estado Islámico del Gran Jorasán, que sigue siendo la principal amenaza interna para el régimen talibán.

En el actual contexto, la situación puede convertirse en un grave problema añadido para las autoridades de Irán -que vive horas críticas ante la aparente inminencia de un ataque estadounidense-, cuyos ciudadanos padecen igualmente desde hace varios años el deterioro de sus condiciones de vida por una inflación desbocada provocada, a su vez, por las sanciones y la mala gestión económica. Desde hace años el régimen de los ayatolás viene también acusando a las autoridades pakistaníes de no hacer lo suficiente para detener la actividad violenta de las organizaciones insurgentes baluchis -de ideología yihadista suní- que actúan en su provincia de Sistán y Baluchistán. Ayer, el ministro iraní de Exteriores, Abbas Araqchi, instaba a ambos países a resolver sus diferencias mediante el diálogo y los principios de buena vecindad.

Por otra parte, la escalada obligará a Pakistán a desviar recursos masivos de su frontera oriental con la India hacia su frontera occidental. Islamabad acusa a la India de utilizar el territorio afgano para apoyar a grupos como el TTP e insurgentes baluchis. Nueva Delhi rechaza estas acusaciones, afirmando que Pakistán intenta “externalizar sus propios fracasos internos”. Mientras observan con preocupación máxima la posible intervención militar estadounidense contra su aliado iraní, China y Rusia han llamado a la desescalada entre Islamabad y Kabul en las últimas horas. Qatar y Turquía, países clave en la consecución del cese el fuego del pasado mes de octubre, se afanan en las últimas horas -junto con otro actor clave en la región, Arabia Saudí- en evitar una escalada aún mayor.

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