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Qué significa quedarse dormido en menos de 10 minutos: esto dice la ciencia

El descanso es algo imprescindible en la vida diaria de una persona. Poder dormir bien y las horas correctas supone contar con la energía suficiente como para afrontar el día sin estar apagado o sin fuerzas. Sin embargo, la falta de sueño es un problema que afecta a muchos.

Dormir no es simplemente descansar, sino un proceso biológico esencial para la recuperación física, la consolidación de la memoria, el equilibrio emocional y el correcto funcionamiento del organismo.

No obstante, un factor que se tiene poco en cuenta tiene que ver con la latencia del sueño. Este es el intervalo entre acostarse y quedarse dormido, y es considerado un indicador central que permite reflejar la somnolencia general de una persona y brindar información sobre la calidad del sueño, según los Institutos Nacionales de Salud.

Tardar mucho en dormirse puede significar una serie de consecuencias, pero también ocurre al revés. Y es que si una persona tarda muy poco en quedar dormida, las consecuencias negativas también aparecen.

¿Qué significa quedarse dormido en menos de 10 minutos?

Según apuntan los estudios, el promedio de latencia en adultos sanos se sitúa entre 10 y 20 minutos. Fuera de este rango, es probable que el ciudadano sufra alguna consecuencia negativa. Por un lado, un periodo inferior a ocho minutos suele estar relacionado con la somnolencia, donde la persona tiene sueño acumulado o un trastorno como puede ser la narcolepsia.

En cambio, quienes tardan más de 20 minutos en dormirse pueden tener problemas de insomnio o trastornos que dificultan la conciliación del sueño, tal y como lo explica la Fundación del Sueño de EEUU.

"Una misma persona puede experimentar variaciones en la latencia del sueño, dependiendo de su nivel de sueño. Por ejemplo, si intenta acostarse más temprano de lo habitual, podría experimentar una latencia de sueño más larga. Al no estar tan cansada, tarda más en conciliar el sueño. Por el contrario, si una persona se despierta más temprano, es probable que experimente una latencia de sueño más corta debido a que está más cansada de lo habitual", explica la fundación.

¿Qué factores alteran la latencia de sueño?

La latencia de sueño es el tiempo que transcurre desde que una persona se acuesta con la intención de dormir hasta que realmente se queda dormida. Dentro de este parámetro, los investigadores añaden una nueva variable: la eficiencia del sueño.

Esto corresponde al porcentaje de tiempo que una persona pasa durmiendo por la noche y se obtiene al dividir el tiempo total dormido entre el tiempo total en cama y multiplicar ese resultado por 100. Según explican, los médicos suelen buscar una eficiencia del sueño de al menos el 85%.

Todos estos datos varían en función de una serie de características que reúne el individuo. El consumo de alcohol, la presencia de dolor crónico o el uso de determinados medicamentos pueden modificar de manera importante la latencia del sueño.

Asimismo, la edad y la cantidad de siestas diarias también afectan a este proceso. En este caso, alterar los horarios habituales o dormir más siestas de lo habitual puede acortar o prolongar el tiempo necesario para dormir, según el nivel de cansancio acumulado.

¿Qué provoca la falta de sueño?

La falta de sueño puede afectar al sistema inmunitario. Los estudios demuestran que las personas que no duermen bien o lo suficiente tienen más probabilidades de enfermarse. En este caso, al corto plazo pueden aparecer problemas relacionados con el estado de ánimo, la concentración y la memoria, aumentando el riesgo de errores en el estudio o el trabajo.

Por su parte, a largo plazo la falta de sueño se asocia a enfermedades como diabetes, hipertensión, accidentes cerebrovasculares, obesidad, depresión y problemas cardíacos y renales.

¿Qué provoca el insomnio?

Todo lo contrario a la falta de sueño es el insomnio. Se trata de un trastorno del sueño caracterizado por la dificultad para conciliar el sueño, mantenerlo o despertarse demasiado temprano sin poder volver a dormir.

Este trastorno del sueño se da en una tercera parte de la población (30%), siendo más frecuente en los ancianos, las mujeres y en personas con enfermedades psiquiátricas. La mayoría de los casos de insomnio tienen un inicio agudo, coincidiendo con situaciones de estrés, y tienden a cronificarse en el 60 % de los casos.

Algunas de sus consecuencias más visibles son la disminución de la concentración, la falta de energía física, las alteraciones del comportamiento y la facilidad para irritarse, entre otras.

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