La crisis de vivienda, una fábrica de ansiedad: procesos de selección agotadores, alquileres inasumibles y compra imposible por falta de ahorros
La crisis de vivienda hace mella, no solo económica sino también mental. Trabajar y rendir al máximo ya no garantiza poder ahorrar y sacar adelante un proyecto de vida. Más que vivir, los españoles sobreviven en un contexto marcado por la presión del coste de la vida, con la vivienda como principal agente estrangulador. El estrés llega por dos vías, la de la compra y la del alquiler. Con los precios disparados, ahorrar la entrada para convertirse en propietario es misión imposible. Condenados a vivir de alquiler, con procesos de selección agotadores, falta de oferta y precios más altos que los de una hipoteca, el desgaste psicológico se multiplica.
La precariedad habitacional y los problemas de salud mental van de la mano. El estrés derivado de la inseguridad residencial, la sobreocupación, la imposibilidad de mantener una temperatura adecuada o el sobreesfuerzo económico están estrechamente ligados al aumento de cuadros de ansiedad, depresión y consumo de psicofármacos.
Desde Trioteca, compañía líder en contratación digital gratuita de hipotecas en España, constatan un aumento significativo de las consultas motivadas no solo por la búsqueda de mejores condiciones financieras, sino por la angustia emocional asociada a la imposibilidad de acceder a una vivienda digna. "Cada vez nos llama más gente completamente agotada, emocionalmente rota. No es solo una cuestión de números: es la ansiedad de no poder formar un proyecto de vida, de no poder independizarse, de no poder dar estabilidad a una familia. La vivienda se ha convertido en una fuente constante de angustia", explica Ricard Garriga, CEO y cofundador de Trioteca.
Según los últimos datos de los portales inmobiliarios, el precio del alquiler subió un 7,8% en febrero, hasta los 15 euros por metro cuadrado. Por su parte, el precio de la vivienda usada subió el 17,7% interanual, situándose en 2.673 euros el metro cuadrado, también según datos de Idealista. Mientras, Fotocasa, estima que la subida fue del 19,9%, hasta los 2.950 euros por metro cuadrado. El alquiler aprieta cada vez más: ya se come el 38% de los ingresos de los hogares, por encima del 30% recomendado por los expertos, según datos de Idealista. El esfuerzo para pagar una hipoteca se sitúa en el 26%, 12 puntos por debajo que el del alquiler.
Y es que aunque muchas familias podrían asumir una cuota hipotecaria razonable, el ahorro previo sigue siendo el mayor muro de contención. En este contexto, Trioteca detecta un incremento sostenido de personas que buscan desesperadamente una hipoteca viable para escapar de alquileres asfixiantes o para no seguir posponiendo indefinidamente su proyecto de vida. “Nos encontramos con parejas que lo tienen todo preparado: trabajo estable, ingresos suficientes, ganas de comprar… pero no logran reunir la entrada. Eso genera una enorme frustración y un desgaste psicológico tremendo. La gente siente que, por mucho que se esfuerce, el objetivo se aleja cada vez más”, señala Garriga.
“Hay un sufrimiento silencioso que no se está contando. Personas que viven con la angustia permanente de no saber si podrán seguir pagando su alquiler, si tendrán que mudarse otra vez o si llegarán tarde para comprar. Esto tiene un impacto directo en la salud mental”, añade el cofundador de la Asociación Española de Brókeres Hipotecarios (AEBH).
Ante esta realidad, el CEO de Trioteca considera que la solución “no puede limitarse a más ayudas puntuales para minorías o a más regulación reactiva”. Además, Garriga defiende abordar con valentía “el verdadero muro invisible: la fiscalidad inicial”. Reducir o eliminar el ITP para primera vivienda en perfiles solventes pero sin ahorro suficiente, sostiene, tendría un impacto inmediato en la salud financiera y emocional de miles de familias. "Si el problema es estructural, la respuesta también debe ser estructural. La vivienda no puede seguir siendo una fábrica de ansiedad; debe volver a ser un proyecto de vida posible”, concluye Garriga.