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El té bien vale una guerra

Actualmente el té es la bebida más consumida en todo el mundo superando incluso al café, la cerveza o la Cocacola. La planta del té, Camelia Sinensis, se ha consumido en China desde hace mas de dos milenios. Los restos más antiguos de la planta del té en contexto arqueológico se hallaron en el año 2016 en Xi’an en la tumba del emperador Jing Din reinante entre el 156-141 a.C. Inicialmente el té era una bebida de carácter aristocrático reservada el emperador a los funcionarios de la corte y monjes. Los monjes budistas chinos fueron algunos de los primeros en desarrollar el hábito de beber té.

Su contenido de cafeína les ayudó a concentrarse durante largas horas de oración y meditación. Gran parte de lo que se conoce como cultura del té primitivo en China procede de la obra Cha Jing o «Libro del té», escrito por Lu Yu editado en el 780, obra que escribe la cultura del té de la dinastía Tang (618-907) explicando cómo cultivar y preparar té. En esta época se fabricaban ladrillos de hojas de té compactadas, ralladas para su consumo, consiguiéndose una especie de polvo que disuelto en agua se convertía en una bebida espumosa.

La demanda del té se hizo mayor en época Song (960-1279) existiendo documentos que demuestran que se usaban bloques prensados elaborados con hojas verdes de té como moneda de trueque en las relaciones comerciales con los turcos de Xinjiang. Fue en esta época cuando el consumo alcanzó a toda las clases sociales apareciendo nuevas variedades y calidades. Los ladrillos de té fueron remplazados durante la dinastía Ming (1368-1644 d. C.), por té de hojas sueltas por decreto imperial. Este cambio estaba destinado a facilitar la vida de los agricultores, ya que el método tradicional de crear ladrillos de té era bastante laborioso, siendo el uso de hojas de té la forma de consumo el que ha llegado hasta nuestros días.

El té llegó a Europa de la mano de los portugueses, los primeros europeos en establecerse en China. Desde 1553 establecen en Macao almacenes de comercio en tierra que llegando a ser una factoría portuguesa y colonia en 1564, con mas de un millar de portugueses que comenzaron a enviar té y especias Lisboa. También Holanda gracias al gran éxito de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales que controlaba el comercio con China e Indonesia ya hacía llegar té a Europa desde 1610, cuando en Inglaterra se desconocía. En 1592 los piratas británicos incautan un barco portugués, el Madre de Deus, cargado con oro, especias y té que no llamó en este caso la atención.

De hecho, cuando Catalina de Braganza llega a Portsmouth tras su boda por poderes con Carlos II de Inglaterra en 1622 sin saber casi nada sobre su nuevo destino, las costumbres británicas estaban muy lejos del té de las cinco. Aunque en esa época ya existiese la Compañía inglesa de las Indias Orientales, fundada en 1600 por Isabel I para competir con Holanda por el control de los mares y el comercio, el té no era objeto de comercio inglés.

Sólo en 1689 Inglaterra consiguió superar la Holanda negociando directamente con China. La fiebre del té en Inglaterra se desató en Londres con la llegada de té chino que los ingleses adoptaron como bebida nacional, abriéndose en Londres en 1717 los primeros salones de té. En esta época China mantenía en secreto la forma de cultivo y estaba prohibido sacar semillas fuera del país, prohibición que Inglaterra no respetaría ya que desde 1750 experimentó sin mucho éxito en Assan y desde 1825 en Ceylan. El consumo de té aumentaba de forma global con el comercio en las colonias americanas donde era muy demandado llegando a producirse abusos.

«Casus belli»

La Compañía de las Indias Orientales podía vender el té chino libre de impuestos con autorización del Parlamento inglés en 1773, impuestos que eran asumidos por los colonos. Este hecho fue le detonante del conocido como motín del té en Boston, primer acto de la revolución que originaria en 1776 los Estados Unidos. La ausencia de los impuestos coloniales y las guerras con Napoléón debilitaron Inglaterra que carecía de oro, única forma de pago para el gobierno chino, ostentando la Compañía de las Indias Orientales el monopolio del comercio del té desde 1832 sin poder pagarlo.

Para conseguir oro la Compañía de las Indias Orientales comenzó a exportar opio desde India vendiéndolo a narcotraficantes chinos que pagaban con el preciado metal, lo que les permitía seguir manteniendo el monopolio del té. Aunque el opio se conocía en China con fines medicinales, se introdujeron nuevas formas de consumo, lo que generó miles de adictos entre la población que desatendía sus quehaceres. En 1839 los chinos, hartos ya de las ilegalidades de la Compañía de las Indias Orientales, se incautaron de los cargamentos de opio del contrabando exigiendo que dicho tráfico cesara.

Esto condujo a una declaración de guerra con dos fases conocidas como «Guerras del opio» que terminarían con la humillación de China, la cesión de la isla de Hong Kong y la apertura sin restricciones a todo tipo de comercio, incluido el opio. El Reino Unido había conseguido con su comercio ilegal ser el administrador de un enclave frente a la costa china, el controlador del mercado mundial del té y el mayor traficante de drogas de la historia.

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