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Las guerras duran 30 años para el fútbol femenino

La pasada semana, las jugadoras de la selección femenina de fútbol de Irán se quedaron calladas, cubiertas con su hijab, mientras sonaba el himno nacional. Fueron tachadas de traidoras en su país y amenazadas con un castigo severo. Las futbolistas pidieron asilo político en Australia para no tener que coger el avión de vuelta al calvario. Seis aceptaron quedarse en Australia con visados humanitarios. Una séptima se echó atrás en el último momento y viajó con el resto del plantel rumbo a Malasia, donde están alojadas en un hotel a la espera de que se dilucide su situación. La selección de Irán jugó por primera vez en una Copa Asiática femenina en 2022, convirtiendo el partido en un hito histórico. El solo hecho de competir fue celebrado como un triunfo, un acto de valentía y orgullo, un símbolo de resistencia y lucha por los derechos de la mujer. La guerra puede ahora suponer un nuevo frenazo a sus intereses. No sería la primera vez. El fútbol femenino contaba con clubes desde el 1 de enero de 1895, cuando se fundó el British Ladies Football Club. En 1939 ya había demostrado potencial. Pero la Segunda Guerra Mundial no solo interrumpió partidos o competiciones, también congeló su desarrollo deportivo y social. Mientras que a partir de 1945 el fútbol masculino se reorganizó relativamente rápido, el femenino tardó décadas en estructurarse profesionalmente y recibir apoyo institucional. El frenazo duró más de 30 años. Hubo que esperar hasta 1970 para disfrutar en Italia de la Coppa del Mondo Femminile, primer torneo internacional femenino no oficial. Un año después, Inglaterra, levantó la prohibición de la FA (Football Association) de que las mujeres pudieran practicar este deporte en estadios afiliados y bajo reglas oficiales, lo que marcó su verdadero reinicio institucional. El primer Mundial femenino oficial organizado por la FIFA se celebró en China en 1991. En España tampoco fue hasta 1970 cuando se celebró el primer campeonato femenino no oficial y se creó la Asociación Española de Fútbol femenino, dejando claro que existía interés real por competir. Pero el gran avance no llegó hasta 1980, cuando la Real Federación Española de Fútbol reconoció oficialmente esta modalidad. Lo ocurrido con las futbolistas iraníes demuestra que la lucha por la igualdad en el deporte no ha terminado.

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