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Casi el 60% de los votantes del PSOE cree que España debe defender Occidente

La guerra en Irán ya no es un conflicto lejano para los españoles. De hecho, ha entrado de lleno en la política doméstica. Muestra de ello son los dos decretos que el Gobierno aprobó el viernes para paliar los efectos del conflicto en la economía.

Poco a poco, en menos de un mes, la guerra se ha asentado la percepción de los ciudadanos. La última encuesta elaborada por NC Report para LA RAZÓN dibuja un país que, ante el nuevo escenario internacional, se mueve entre el alineamiento occidental, la desconfianza hacia el Gobierno y una fractura política casi perfecta.

El dato de partida es claro: dos de cada tres españoles respaldan que España contribuya a la defensa mutua de Occidente junto a sus aliados de la OTAN (66,9%). Pero ese consenso general esconde una brecha política profunda. Entre los votantes del PP el apoyo es casi unánime (97,1%), mientras que en el PSOE baja al 59,5% y en Vox al 51,4%.

En Sumar, directamente, se desploma hasta el 4,9%, con un apabullante 82,9% en contra.

Ese mismo patrón se repite cuando se introduce la variable económica. El 68,1% cree que España debe contribuir a la defensa occidental, es decir, dentro del marco de la OTAN y de la UE, en proporción a su peso económico.

Pero de nuevo aparecen dos bloques nítidos: un respaldo casi total en el PP (97,6%) y una mayoría clara en el PSOE (65,7%), pero caída significativa en Vox (46,5%) y rechazo frontal en Sumar (79,3% en contra). Donde la fractura se vuelve más política es en la valoración de la acción exterior del Gobierno, dirigida por el presidente, Pedro Sánchez.

El 61,1% cree que España se está alejando de sus aliados occidentales, pero esa percepción se dispara entre los votantes de Vox (85,7%) y del PP (77,6%). En cambio, entre los socialistas solo un 25,3% comparte esa idea, frente a un 62% que cree que la política del Ejecutivo acerca a España a Occidente.

En Sumar, el respaldo es aún más claro: un 74,4% cree que la posición de Moncloa acerca al país a su norte moral en el mundo.

La figura de Sánchez concentra el choque de percepciones. El 68,6% cree que su postura frente a Estados Unidos traerá problemas a España, pero aquí el contraste es casi total: el 92,9% de los votantes de Vox y el 84,7% del PP anticipan consecuencias negativas.

En el PSOE, en cambio, el 59,5% cree que habrá beneficios, y en Sumar el respaldo es aún mayor (77,5%). La decisión sobre las bases de Rota y Morón refuerza esa polarización.

El 62,5% del conjunto cree que esa postura ayuda al régimen iraní, pero el dato se dispara al 100% entre los votantes de Vox y al 89,4% en el PP. En el PSOE, sin embargo, la mayoría (52,5%) cree que perjudica a Irán, y en Sumar esa idea alcanza el 62,5%.

Incluso en cuestiones donde hay consenso general, la grieta ideológica sigue presente. El rechazo a que Irán tenga armas nucleares es abrumador (81,6%), pero mientras PP y Vox lo rechazan prácticamente por unanimidad (100% y 95,7%), en el PSOE ese rechazo baja al 67,5% y en Sumar al 52,5%, con un 27,5% de sus votantes que sí lo permitirían.

La percepción de amenaza también varía. Aunque el 69,2% cree que Putin podría invadir un país europeo, esa idea es dominante en el PP (88,8%) y el PSOE (76,3%), pero cae en Vox (58,6%) y, sobre todo, en Sumar (17,5%), donde además el 50% no tiene una opinión formada.

El punto más político llega al final. Dos de cada tres españoles creen que Sánchez busca el choque con Trump por cálculo electoral. Pero aquí el mapa es casi un espejo ideológico: lo cree el 93,5% de los votantes del PP y el 88,6% de Vox, frente a solo el 22,5% del PSOE y un residual 2,5% en Sumar.

Y ni siquiera la apelación al consenso logra cerrar la brecha. Aunque el 51,2% defiende que la política exterior debe ser de Estado, ese acuerdo solo existe en apariencia: lo respalda el 79,4% de los votantes del PP, pero cae al 48,8% en el PSOE y se hunde en Vox (7,1%) y Sumar (5%).

La conclusión es nítida. España comparte diagnóstico sobre el mundo –riesgos, amenazas, alianzas–, pero discrepa profundamente sobre quién debe gestionarlo y cómo. La política exterior ya no divide por intereses estratégicos, sino por identidad política. Y ahí, el consenso se rompe. Hace tiempo que en Exteriores cunde la preocupación por la forma en que el ministro, José Manuel Albares, ha «politizado» el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Fuentes diplomáticas de primer nivel consultadas por este diario advierten de que el presidente está abordando esta crisis internacional con una lógica interna, orientada a activar a su electorado más afín.

«La política exterior lleva tiempo subordinada a las necesidades electorales del jefe del Ejecutivo», resume un antiguo alto responsable diplomático.

En ausencia de una posición europea sólida, la capacidad de influencia de la UE se evapora. Y en ese vacío, el margen de maniobra de países como España queda condicionado por las dinámicas que marcan las grandes potencias. Europa, dividida, pesa menos. Y cuando pesa menos, otros deciden. Por eso, el presidente, Pedro Sánchez, sigue abonado a la confrontación total con Donald Trump, consciente de que al menos puede ganar rédito interno en clave electoral. Eso es lo que persigue Moncloa.

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