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Gritemos menos, colaboremos más

El trazado de la línea de alta velocidad (AVE) entre Málaga y Madrid ha sido complejo desde sus inicios. Estamos ante una de las zonas geológicas más abruptas de Andalucía. Entre otras cosas esta orografía justificó algunas controversias en su diseño y desarrollo. Todo ello a pesar de haber sido una obra con alto consenso político, que permitió una ejecución más rápida de lo habitual en estas infraestructuras.

Las intensas lluvias como consecuencia de las sucesivas borrascas que han azotado el entorno de la comarca, son la causa del desprendimiento del talud que entre otras circunstancias ha provocado la interrupción del tráfico de alta velocidad en esta línea.

Lo que estamos viviendo hoy no es una situación provocada por el accidente de Adamuz, y eso debemos seguir aclarándolo. Para los vecinos de Málaga son conocidas las dificultades del terreno algo que por el contrario es desconocido para el resto de ciudadanos más allá de Despeñaperros. Quizás puedan hacerse una idea del tipo de orografía, quienes no lo conozcan, si alguna vez han visto imágenes del conocido Caminito del Rey.

Aún está en la memoria las dificultades que en el Valle de Abdalajís y en el paraje de El Chorro ocasionaron las obras. Dejando a este municipio sin agua durante un largo período de tiempo durante la construcción de la línea, por el que tuvo incluso que ser compensando por ADIF.

Este suelo arcilloso provocó en su origen el desprendimiento de hasta diez kilómetros de taludes. Por tanto, no estamos ante un problema nuevo y en aquel momento ya requirió de soluciones de ingeniería avanzadas.

Aquel hito técnico que permitió la llegada del AVE a Málaga, contó con el esfuerzo y el compromiso de dirigentes políticos de distintos partidos que conscientes de su dificultad apostaron por este proyecto. Hoy veinte años después el temporal que hemos vivido en los últimos meses nos enfrentan a una realidad muy similar.

Y desgraciadamente nos pone a prueba en un momento complicado para el turismo y la economía malagueña. Que esto suceda en las puertas de la Semana Santa, es una mala noticia por el impacto económico que supone esta interrupción, siendo una de las principales vías de acceso a la provincia. Es comprensible la preocupación de hoteles, de la restauración y del comercio local, en unas fechas claves y sobre todo en lo que afecta al turismo nacional.

La respuesta de las administraciones en su conjunto difiere bastante de la que hubo hace dos décadas. Hoy está primando la confrontación política en este conflicto en lugar de la colaboración institucional necesaria para mitigar los efectos. Hay un exceso de testosterona en este tema por parte de la dirigencia política, siendo incomprensible que el cruce de acusaciones entre el Ministerio de Transportes y la Junta de Andalucía haya sustituido a lo que debía ser un diálogo sincero en busca de soluciones que amortiguaran la situación. El cruce de reproches no da respuesta a la urgencia y genera aún más desconcierto ciudadano.

Los malagueños merecen una colaboración leal y sincera entre las administraciones. Ellos son conocedores de la situación climática que se ha vivido y de la complejidad del terreno. Saben mejor que nadie que el reto más allá de reparar la vía está en salvar en la medida de lo posible la temporada de Semana Santa en las mejores condiciones posibles.

Por tanto, es imprescindible la colaboración y el diálogo entre el gobierno central, el gobierno autonómico e incluso el Ayuntamiento de Málaga para buscar alternativas factibles. Desde el aumento de vuelos a precios asequibles, hasta un servicio de lanzaderas constante y con más frecuencia de Antequera a Málaga cuya distancia es de poco más de 30 minutos que facilitaría el acceso a miles de viajeros.

Se llama voluntad política. Actuar con rapidez y generosidad y no buscar el tacticismo político de culpar simplemente, al contrario. Estas medidas no sustituirían al AVE, pero ayudarían muchísimo.

El sector turístico necesita seguridad y certidumbre. La información sobre plazos y alternativas de transporte es clave para los operadores, pero también lo es para los usuarios y sobre todo evitaría cancelaciones.

Estoy convencida que a mayor transparencia y posibilidades de conexión menor será el impacto. Y, ante todo, lo ocurrido en la línea de alta velocidad Málaga-Madrid nos deja una lección que debemos aprender para el futuro. Nuestro clima está cambiando, las borrascas este invierno se han hecho fuertes y el terreno más susceptible a su impacto y en el futuro se requerirá mayores inversiones en mantenimiento y respuesta para salvar futuras incidencias.

Gritemos entre todos menos y colaboremos más.

Una mirada compartida hacia Málaga, pensando en cuál es su urgencia y qué podemos aportar cada administración es nuestra obligación y nuestra responsabilidad. Lo demás es jaleo que en estos momentos es innecesario y poco aporta a la vida de los malagueños y para su seguridad en el transporte.

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