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Los libros de la semana: del autor que pretende emular a Joël Dicker al mercado inmobiliario

«La novela de Marceau Miller» 8/10

Un thriller «anónimo» que pretende emular a Joël Dicker

Por Lluís Fernández

Lo más interesante de «La novela de Marceau Miller» es el peritexo. Ese que promociona la novela de un autor desconocido en la contraportada y la hojas de promoción. Llama la atención que se cite a Joël Dicker: «Tras el éxito de Joël Dicker, llega un thriller convertido en fenómeno internacional, publicado en catorce países». Sobre todo porque los títulos de sus novelas recuerdan al de este autor oculto: «La verdad sobre el caso Harry Quebert», «El caso Alaska Sanders» y «La desaparición de Stephanie Mailer». Luego sigue: «Una novela que guarda un gran enigma, ¿quién se oculta detrás de Marceau Miller?» ¿Quizá Joël Dicker? Porque esta novela es igual de insustancial que las del escritor suizo y guarda el mismo tipo de embrollo argumental, carente tanto de enigma como de desarrollo.

Una muñeca rusa

En el dosier de prensa se apela a su estatus metaliterario y a la estructura de la muñeca rusa, con el objeto de orientar al reseñista de su «mise en abyme» de todo a cien. Pero es mero pretexto. En realidad, son tres voces narrativas que van descubriendo los secretos de una serie de amigos que viven apegados al lago Lemán. Nada hay de enigmático, ni siquiera los secretos que se van revelando, siempre que el lector sea paciente y soporte la histeria de la protagonista que no para de quejarse, llorar, hacer tonterías y buscar de forma desesperada por los bosques y el lago Lemán un manuscrito donde el autor de esta tontería que lleva por título «La novela de Marceau Miller» descubrirá los dos secretos que todos conocen excepto ella, la mujer del difunto escritor. De esta novela puede escribirse lo mismo que de «El enigma de la habitación 622» de Joël Dicker, que más que una intriga hay un lío. El mismo lío del escritor que escribe una novela sobre un asesinato, que no es otra que la novela que está leyendo el lector.

  • Lo mejor: Sobre todo la promoción que rodea esta novela en la que se ha oculta el nombre del autor para darle una salida airosa
  • Lo peor: La falta de intriga de la novela y el exceso de embrollo de la trama para ocultar que el enigma es tan trivial que puede llegar a aburrir

«Donde termina el verano», Elma Correa 9/10

Sobre la amistad y la culpa en la frontera entre México y EE UU

Por Diego Gándara

La frontera como lugar de separación, de límite, pero también de encuentro, es uno de los temas de la novela de Elma Correa (Mexicali, México), «Donde termina el verano», con la que se alcó con el Premio Biblioteca Breve 2026. También lo es el verano y una amistad entre dos mujeres que se rompe para volver a nacer años después pero de otra manera: una amistad que, después de haber atravesado el tiempo, ya no sabe de límites ni de fronteras. La trama de la novela, escrito en un ritmo pausado y con una prosa cargada de descripciones, transcurre en un barrio de la ciudad de Mexicali, uno de los últimos puntos del mapa mexicano antes de la frontera con Estados Unidos. Allí, dos niñas. Elisa y Aimé. Allí, el verano, un tiempo hermoso en el que la amistad quedará selladA. Pero no para siempre. la misma noche en que Elisa se va de la ciudad para convertirse en una atleta, ocurre un hecho que marca la amistad.

Tiempo hecho de memoria

La historia se articula alrededor de esa relación, pero lo hace con una voz narrativa que, sin caer en la nostalgia, mira hacia atrás, tratando de darle un sentido no solo a aquel hecho, sino a la posibilidad del reencuentro, de la reconstrucción, que no será fácil, de una amistad que, veinte años después, seguirá latente. «Donde termina el verano» puede leerse, sí, como una novela sobre el tiempo, su paso, pero también sobre el tiempo presente, constante, que moldea en una atmósfera que, como el verano, como su fin, como un tiempo lleno de luz que no necesariamente ilumina, sino que también ofrece sus últimos rayos de sol, de calidez. En ese tiempo, Elma Correa compone, con ritmo preciso, una historia hecha de memoria, de una memoria personal, privada, pero también de una memoria que encuentra su límite en otra memoria: la colectiva.

  • Lo mejor: La voz narrativa fluctúa entre la evocación íntima y la reflexión colectiva con un tono que invita a la calma y a la lectura atenta
  • Lo peor: Nada que cuestionar a esta novela bien ejecutada, sólo que, por momentos, el estilo se vuelve meramente descriptivo

«Psicopompo», de Amélie Nothomb 9/10

Nothomb, el renacimiento tras aquella violación a los 12 años

Por Ángeles López

Hay quienes escriben para contar una vida y quienes lo hacen para salvar lo que queda de ella. Este relato no es solo la memoria, sino una franja indefinida en la que el daño, el mito y la imaginación se hilvanan hasta tornarse indistinguibles. Nothomb demuestra que el mayor de sus arrojos no reside en la extravagancia ni en el resplandor de la ocurrencia próxima al koan, sino en su capacidad para transmutar la herida en forma. El incidente que todo lo rompe –la violación sufrida a los doce años– no acude desde la dureza confesional ni desde el impudor de la exposición, sino a través de un merodeo metafórico que, lejos de atenuar el espanto, lo convierte en más turbulento y perturbador. La autora entiende que hay experiencias cuya verdad no depende de ser nombradas de forma cruda, sino del temor y el temblor meridiano con que el lenguaje las evoca.

Extrañeza y lucidez

Lo insólito es que, aun al rozar traumas como la anorexia, la vergüenza, la pérdida del padre o su extraña conexión con el más allá, el relato nunca cede ante la pompa del sufrimiento. Permanece en él la levedad aforística —marca de la casa—, su ironía refinada, su mixtura de gracia, extrañeza y lucidez. Una alianza fecunda entre fábula, memoria y reflexión sobre el noble oficio de esculpir verbos. Cuando afirma que escribir es volar, no es un santo y seña de nada, sino una necesidad medular, una vocación de trascender lo tangible. Aunque en algunos pasajes el entramado simbólico queda muy expuesto y cierta autointerpretación menoscaba el misterio que el propio texto había logrado, incluso en esos momentos permanece la esencia, que no es otra que la de asistir a una literatura que no dulcifica la caída, sino que sabe arrancarle musicalidad. Por todo ello, más que una confesión, esta pieza delicada resume la poética de la resurrección. Del renacimiento.

  • Lo mejor: Transforma el trauma en forma literaria con sutileza, ironía y poderosa imaginación simbólica sostenida
  • Lo peor: El simbolismo a veces se vuelve explícito y reduce el misterio sugerido previamente con exceso interpretativo

«Un metro cuadrado», de Llucia Ramis 9/10

Vivencias literarias sobre el infernal mercado inmobiliario

Por Jesús Ferrer

La narrativa de Llucia Ramis (Palma de Mallorca, 1977) incluye crónica costumbrista, relato autorreferencial, reflexión ensayística, fábula moral, y alegato civil; todo ello con una prosa de ágil estilo. A libros de reconocida calidad como «Cosas que te pasan en Barcelona cuando tienes 30 años», se suma ahora «Un metro cuadrado», IV Premio de No Ficción Libros del Asteroide. Se encara aquí el problema de la vivienda a través de las experiencias de la autora como inquilina. A su llegada a la Barcelona postolímpica, desde su Mallorca natal, irá viviendo en diversos barrios, ofreciendo aquí una amplia panorámica de la diversidad de culturas que ha recorrido la ciudad en los últimos años.

Nutrido anecdotario

Queda claro que una vivienda está vinculada a modos y opciones de vida: «Una cosa es decir que no quieres hijos y te gusta vivir sola, y otra hipotecarte por cuarenta y siete metros cuadrados en los que hay un único dormitorio y, en la sala, un sofá-cama para las visitas». Al hilo de las experiencias personales se desgranan alquileres de temporada, pisos turísticos, especulación inmobiliaria, insuficiente vivienda social, gentrificación, derecho constitucional a un techo digno, «fondos buitre» y abusivos contratos de alquiler. El concepto de «mi casa» determina la identidad de la persona, la socializa y vincula a un determinante ámbito vecinal. Una nutrida y graciosa anecdótica no amaga un fondo de dramáticas situaciones personales. Vivencias propias inmersas en una colectiva problemática: «En expresiones como el milagro español, la sociedad de propietarios, el boom turístico, la cultura del pelotazo, la crisis del ladrillo, la sociedad de inversores, o una precariedad asimilada se asienta esta historia, que no pretende ser la mía, aunque también lo sea». Un inteligente libro de

palpitante actualidad.

  • Lo mejor: El estilo de crónica periodística de la autora, que combina experiencia autorreferencial con una cruda problemática social
  • Lo peor: Nada relevante aquí que subrayar, tratándose de una narrativa de acerado costumbrismo crítico y que está bien construido

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