Pilar Muñoz, doctora: «Cuando limpiamos con fragancias y abrimos la ventana, se forman compuestos cancerígenos»
A todos nos gusta que nuestra casa huela a limpio. Solemos asociar ese olor a pino, a limón o a flores silvestres con un hogar aseado y desinfectado. Sin embargo, la realidad que esconde la química de estos productos de limpieza perfumados es bastante más oscura. La doctora Pilar Muñoz-Calero, una de las voces más autorizadas en medicina ambiental en nuestro país, ha puesto el foco sobre este asunto en una reciente entrevista para EFE. Y es que para la experta, gestos tan cotidianos como fregar el suelo con productos perfumados y abrir las ventanas para ventilar pueden acabar generando sustancias altamente tóxicas para nuestra salud en el interior de nuestras casas. ¿Alguna vez te has parado a leer detenidamente la etiqueta de tu limpiador multiusos, de tu lavavajillas o de tu suavizante? Lo más probable es que entre los ingredientes encuentres términos genéricos como «fragrance», «fragancia» o «perfume». La doctora Muñoz-Calero explica que detrás de estas palabras se esconde lo que en la industria se conoce como secreto comercial. Bajo este amparo legal, las marcas no están obligadas a detallar la fórmula exacta de sus aromas para evitar que la competencia los copie. Lo que ocurre es que el problema para el consumidor es bastante grave. Según advierte la experta, bajo esa única palabra genérica pueden llegar a camuflarse hasta 3.000 sustancias contaminantes y compuestos químicos diferentes, sin que tengamos forma de saber cuáles son ni en qué cantidad están presentes. Cada vez es más común ver productos etiquetados como «fragrance free» (libre de fragancias), y no es por una simple moda, sino por una necesidad real de salud pública para proteger a personas con alergias, asma o sensibilidad química. Uno de los apuntes más interesantes que hace la doctora en la entrevista tiene que ver con los productos que consideramos «naturales» o que imitan aromas de la naturaleza, como el olor a pino o a limón. Estas fragancias se consiguen utilizando unos compuestos orgánicos llamados terpenos (como el limoneno o el pineno). El peligro surge cuando estos compuestos químicos se mezclan con el aire exterior mediante una reacción que parece de laboratorio, pero que ocurre a diario en miles de hogares. Al fregar el suelo o limpiar los muebles con productos perfumados, llenamos el ambiente de estos terpenos. Si en ese momento abrimos las ventanas para ventilar con la mejor intención del mundo, el aire que entra de la calle —que contiene ozono, un gas muy presente en la atmósfera— entra en contacto directo con esas fragancias que flotan en el salón o la cocina. Al mezclarse ambos elementos en el aire de nuestra casa, se produce una reacción química inmediata que acaba generando formaldehído. El formaldehído no es un contaminante cualquiera. Es un gas incoloro, de olor fuerte, ampliamente reconocido como un compuesto altamente cancerígeno por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC), un organismo especializado que forma parte de la mismísima Organización Mundial de la Salud (OMS). La OMS lo incluye en su «Grupo 1», la categoría reservada para las sustancias con mayor evidencia científica de causar cáncer en humanos. Inhalar de forma continuada este tipo de sustancias en un espacio cerrado como nuestro hogar puede irritar las vías respiratorias, provocar dolores de cabeza, agravar alergias y, a largo plazo, aumentar significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades graves. La intención de la doctora Pilar Muñoz-Calero no es que dejemos de limpiar nuestras casas, sino que aprendamos a hacerlo de una forma mucho más segura e inteligente. Para evitar que la química se vuelva en nuestra contra, basta con aplicar el sentido común y cambiar un par de hábitos de compra: