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El vitalismo de Santiago Castelo

Abc.es 
Santiago Castelo fue un poeta de emociones arraigadas en la tierra. En su geografía sentimental hay cuatro lugares que lo marcaron para siempre: Extremadura, Madrid, Mallorca y La Habana. Como diría Peter Handke , fueron sin duda los que delimitaron para él el territorio de la duración: lugares que quedaron suspendidos, ingrávidos en su vida porque la experiencia vivida en ellos los situó más allá del tiempo y sus usuras. Como tantas veces confesó, él fue un extremeño de la diáspora, alguien que tuvo que construir su biografía con los ojos de la nostalgia y con los ojos del destierro. En ese sentido, fue el poeta de un mundo perdido que intentó recuperar el robinsón de la calle Divino Pastor de Madrid al que la tempestad de la emigración hizo naufragar desde el paraíso de Granja de Torrehermosa. En este libro, 'Habaneras y otras prosas', las páginas de la sección 'Viejos cuentos' ponen en pie las leyendas personales y el mito de esa tierra, de esos paisajes y de una adolescencia donde el descubrimiento del amor es el descubrimiento de una identidad. Una identidad que en Castelo se amplía en su personal cuarto de mapas. En ese cuarto de mapas que fue su biografía, un par de islas lo conmocionaron como solo las grandes experiencias pueden hacerlo. De ellas, Cuba queda retratada aquí como lo que fue finalmente para él: un terreno de felicidad y de crisis, de amigos vivos y amigos muertos, de grandes encuentros y despedidas inolvidables. Por eso escribió este calendario de La Habana que Castelo colgó como columnas de ABC. «Mi Cuba no es el esplendor de los hoteles internacionales, sino una mezcla de Extremadura y Andalucía», escribe. En estas prosas tan evocadoras, en estos diarios de la memoria, en estos relatos hechos crónica, editados muy convenientemente por Carlos García Mera, está el poeta, el vitalista que quiere seguir dialogando un rato más con nosotros. Un libro en el que se retrata en diferentes momentos de su vida y que nos da prueba de su manera de observar la realidad , siempre grande, sentimental, efusiva, como él era.

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