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Núria Fuster y Esther Gatón: otra(s) forma(s) de escultura

Abc.es 
El Museo Patio Herreriano lleva ya tiempo tratando de armar una suerte de tradición alternativa de la escultura española contemporánea, más cercana a lo efímero, lo experimental y lo liviano, menos monumental y clásica. Un propósito que, con independencia de sus dispares resultados, aplaudo y comparto. Despliega ahora dos nuevas propuestas que inciden en esta declaración de intenciones museológica. La práctica de Núria Fuster (Alcoy, 1978) se caracteriza por el empleo de objetos cotidianos, con frecuencia encontrados y reciclados, que combina con materiales manufacturados e industriales para crear instalaciones y piezas escultóricas que se adentran en aspectos de fragilidad, memoria, cuerpo, y en las posibles interacciones entre el espectador y el entorno, invitándonos a reflexionar sobre el sentido de los objetos y su polisémica función dentro de nuestra sociedad contemporánea. En '( ) –Aire que yo respiro–', que toma su título de unos versos de Jorge Guillén, presenta por un lado una instalación ubicada en la emblemática Capilla de los Condes de Fuensaldaña: un gran globo mecánico que se infla y desinfla periódicamente, simbolizando en gran medida el acto de respirar y al tiempo sugiriendo potencias vivas que lo alejarían de un estado de inercia. Esta activa presencia del aire, un 'material' importante en su concepción artística, y que adquiere para ella cualidades incluso sociales y políticas, actúa de hilo conductor con los otros proyectos que propone: dos instalaciones realizadas con materiales ligeros y precarios, en los que incorpora movimiento mecánico y sonido, siempre en busca de una escultura que no sea sólida ni definitiva, sino más bien mudable y maleable. En el caso de la Capilla, no ha sabido explotar las sugerentes posibilidades que un espacio tan goloso, formal y conceptualmente, puede ofrecer a quien sepa entenderlo. Esther Gatón (Valladolid, 1988) pertenece a una generación más joven y utiliza en su trabajo diversos recursos expresivos escultóricos e instalaciones para reflexionar sobre aspectos relacionados con la percepción, el cuerpo y el espacio. Sus obras combinan distintos tipos de materiales (biológicos, textiles, domésticos, tecnológicos) junto a objetos pobres o frágiles, y un especial interés por lo orgánico y la experiencia sensorial. Esto le permite mantener una relación física e íntima con ellos, y la acerca a determinadas posiciones actuales sobre materialidad blanda y crítica a la monumentalidad clásica. Su 'Tú, tú, tú, mi incesante', cuyo título también procede de Jorge Guillén, reúne una serie de piezas instalativas y escultóricas, junto a otras que oscilan entre la percepción bidimensional y la volumétrica, tratando de interactuar con conceptos de forma, luz y espacio, que a la vez buscan dialogar con la arquitectura del museo. Sin embargo, en general, tampoco consigo emocionarme ni conectar del todo con su propuesta. No ayuda demasiado el texto curatorial. Sigo percibiendo en muchos de estos creadores una común sensación de 'dejà vu', de repetición, de 'todo vale', que me aleja de las abundantes posibilidades con las que la escultura actual puede todavía inyectarnos emociones y reflexiones.

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