Lo que ya no sabemos
Cuando leí la última novela de Margaryta Yakovenko acabábamos de cerrar el número especial de ABC Cultural dedicado a la Odisea y tal vez por ello he leído 'Ocupación' en esa clave de Ítaca inalcanzable. Habla de la guerra de Ucrania y de la muerte de su abuelo en las condiciones inhumanas que impuso la invasión rusa, sin medicamentos y con los mínimos cuidados que pudo recibir. La autora pone en pie una evocación familiar que abraza un siglo en uno de los lugares más castigados por la guerra en el último siglo y medio. E invoca sus recuerdos personales de Tokmak, su pueblo, mezclados con la infancia, que construyen esa Ítaca ya desaparecida, imposible de recuperar. Y por eso recordé leyéndola lo que decía Gospodínov en estas páginas: hoy las Ítacas son lugares -o tiempos- inalcanzables, porque ya no existen. Forman un escenario vacío, poblado solo por borrosos recuerdos y recurrentes pesadillas. 'Ocupación' nos pone delante una realidad difícil de comprender, la paradoja de este tiempo sobreinformado en el que mil noticias, muchas inútiles, requieren nuestra atención y donde hasta la ficción se ha vuelto sospechosa, abaratada como está por las series clónicas y las plataformas que timonea el algoritmo. Pedimos a la imaginación, a la ficción, de nuevo una verdad, una vieja verdad, por inasible que ya sea, con la que contraponer el inexorable empuje del olvido y la bisutería de las causas, las ideologías y las nuevas temporadas de lo que ya no sabemos.