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Los plazos de las magistraturas y la lección involuntaria de Marta Esquivel

Hay un relato bastante instalado respecto a la necesidad de que las magistraturas no permanezcan demasiados años en su cargo. La discusión es legítima, pero creo que ha faltado explicar por qué plazos extensos tienen sentido.

La clave en el funcionamiento de cualquier sistema judicial es su independencia. Los jueces son árbitros y, si algo le interesa a cualquiera que se somete a la decisión de un tercero, es que se dirima su caso con toda imparcialidad. Numerosos estudios coinciden en que, a mayor plazo, mayor independencia.

En los Estados Unidos, que tanto admira la actual administración, los justices de la Corte Suprema son vitalicios. ¿Sabrá la presidenta de la República, sobre todo cuando expone a ciertos magistrados, que, por ejemplo, el juez Clarence Thomas acaba de cumplir 34 años en su puesto?

La razón es simple: si no se depende de reelecciones ni de la voluntad de los políticos para conservar una posición, hay mucha más garantía de que los jueces no resuelvan con temor a represalias –como no ser reelegidos– o a un futuro laboral incierto si al terminar su periodo alguien intenta cobrarse decisiones polémicas.

Estos días, la diputada Marta Esquivel nos ofreció –seguro sin saberlo– una gran lección. Siendo magistrada suplente de la Sala Constitucional, Esquivel redactó sentencias en las que, como se espera de cualquier tribunal, se reconoció que la salud es un derecho fundamental del que el Estado es tributario. Ahora, como política, Esquivel afea que la gente acuda a esa jurisdicción a reclamar omisiones de órganos que su grupo político dirige.

Más allá de lo esperpéntico del giro, también tiene sentido ver en esto el valor de que no haya puertas giratorias y de la importancia de que las altas cortes no estén compuestas por gente que al poco tiempo tendrá que hacer cálculos distintos a la exclusiva aplicación del marco constitucional. Costa Rica optó por un modelo intermedio: las magistraturas requieren de una mayoría calificada para no ser reelegidas.

Ni vitalicias, ni fugaces. No sé aún si esto deba ser ajustado; de lo que sí dudo es de que una demonización simplista –como hacen los populismos– sea la forma más inteligente de encarar ciertas reformas.

mfeoliv@gmail.com

Marco Feoli es abogado, profesor en la Universidad Nacional (UNA) y miembro del Subcomité para la Prevención de la Tortura de la ONU.

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