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Ana Ibañez, neurocientífica: «Nuestro cerebro fabrica estados de forma continua, pero nosotros los podemos dirigir»

Abc.es 
«La autopista más directa para que tú puedas contrarrestar tu estrés del día a día es ir a aquellas actividades que tú ya sabes que te vienen bien». La neurocientífica Ana Ibáñez defiende que el cerebro humano, programado biológicamente para la supervivencia, tiende de forma natural a la alarma y la preocupación, un mecanismo útil en entornos primitivos pero desajustado en la vida moderna. Así lo explica en una entrevista en el pódcast 'La Fórmula del éxito', presentado por Uri Sabat, donde aborda cómo entrenar la mente para mejorar el bienestar emocional y cómo podemos entrenar nuestro cerebro de la misma forma que lo hacemos con el cuerpo. Según la divulgadora, el cerebro no prioriza la felicidad ni el desarrollo personal, sino aquello que considera seguro, incluso aunque ese «lugar conocido» resulte incómodo, algo que recuerda al dicho popular 'más vale malo conocido que bueno por conocer'. Y es que al parecer el cerebro «va a tender siempre a repetir lo que ya ha vivido y que ha tenido un final aceptable», señala la experta, que ahonda en que esto hace que muchas personas permanezcan en estados de estrés o insatisfacción.  Frente a esta inercia biológica de la que habla la especialista, propone un enfoque basado en la neurociencia aplicada: reprogramar la actividad cerebral para dirigir los estados mentales hacia la calma, el enfoque o la motivación. «Nuestro cerebro fabrica estados de forma continua, pero nosotros los podemos dirigir», afirma durante la charla. Entre las herramientas que plantea destacan la visualización, el ejercicio físico y la evocación de recuerdos positivos. Ibáñez explica que el cerebro no distingue con precisión entre una experiencia real y una intensamente imaginada, lo que permite activar emociones pasadas beneficiosas. «Si quieres que tu cerebro fabrique más de esos estados, tienes que recordarle que sabe hacerlo», apunta. En este sentido, recuperar mentalmente momentos de bienestar -como etapas de la adolescencia o experiencias gratificantes- puede activar sensaciones de seguridad y modificar las llamadas frecuencias cerebrales, especialmente en áreas prefrontales vinculadas a la toma de decisiones y la regulación emocional.

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